Unidad en la Conciencia

Las relaciones son una de las maneras más efectivas para alcanzar la
unidad en la conciencia, porque siempre estamos envueltos en
relaciones. Piensa en la red de relaciones que mantienes: padres,
hijos, amigos, compañeros de trabajo, relaciones amorosas. Todas son,
en esencia, experiencias espirituales. Por ejemplo, cuando estás
enamorado, romántica y profundamente enamorado, tienes una sensación
de atemporalidad. En ese momento, estás en paz con la incertidumbre.
Te sientes de maravilla, pero vulnerable; sientes cercanía pero
también desprotección. Estás transformándote, cambiando, pero sin
miedo. Te sientes maravillado. Ésa es una experiencia espiritual.
A través del espejo de las relaciones, de cada una de ella,
descubrimos estados prolongados de conciencia. Tanto aquellos a
quienes amamos como aquellos por quienes sentimos rechazo, son espejos
de nosotros. ¿Hacia quiénes nos sentimos atraídos? Hacia las personas
que tienen características similares a las nuestras, pero eso no es
todo. Queremos estar en su compañía porque subconscientemente sentimos
que al hacerlo, nosotros podemos manifestar más de esas
características. Del mismo modo, sentimos rechazo hacia las personas
que nos reflejan las características que negamos de nosotros. Si
sientes una fuerte reacción negativa hacia alguien, puedes estar
seguro de que tú y esa persona tienen características en común,
características que no estás dispuesto a aceptar. Si las aceptarás no
te molestarían.
Cuando reconocemos que podemos vernos en los demás, cada relación se
convierte en una herramienta para la evolución de nuestra conciencia.
Gracias a esta evolución experimentamos estados extendidos de
conciencia. Es en estos estados, cuando accedemos al ámbito no
circunscrito, que podemos experimentar la sincronía del destino.

Deepak Chopra

El viajero hambriento




Un viajero hambriento llegó a una casa en el camino. Llamó a la puerta y, cuando le abrieron, pidió de comer. Pero allí habitaba una familia de corazón duro y poco piadosa.

-Si quieres comer, ¿por qué no trabajas? -le contestaron.

-Os equivocáis -contestó el viajero-, sólo deseaba averiguar si erais gente bondadosa. Yo no necesito comida, pues conozco la receta mágica de la sopa de piedras, así que a mí jamás me falta el alimento.

-¿Sopa de piedras? -se preguntaron aquellas gentes egoístas suponiendo inmediatamente que el conocimiento de aquella receta podría reportarles algún beneficio.

-Lamentamos profundamente haberte ofendido -dijeron al viajero-. ¿Por qué no entras y después de descansar no nos muestras esa receta de sopa con piedras?

-De acuerdo -contestó el viajero-, lo primero es disponer de una buena olla con agua y ponerla en el fuego, a continuación debéis recoger una docena de hermosas piedras bien redondeadas, las cuales tenéis que limpiar a fondo.

La familia siguió al pie de la letra las instrucciones.

-Mientras que limpiáis a conciencia las piedras -continuó ordenando el viajero-, nunca estará de más añadirle algunas verduras al agua; así que ir a la huerta y recoger tomates, pimientos, apio, cebollas y zanahorias.

La familia estaba muy contenta, obedeciendo las instrucciones para hacer la sopa de piedras.

-Debéis continuar limpiando las piedras hasta que brillen, esto es muy importante, pero para que el agua de cocción coja más gusto, agregaremos a las verduras un poco de jamón, tocino y una gallina pelada y troceada -ordenó el viajero.

Al cabo de un rato salía un olor estupendo de la olla.

-Falta sal -dijo el viajero después de probar el guiso. Creo que ahora debemos añadirle algunas hierbas aromáticas para amalgamar los sabores, y sólo al final pondremos las piedras si es que sois capaces de limpiarlas satisfactoriamente.

Al olor del caldo y ante la admonición del viajero, los miembros de la familia se afanaron en limpiar con más brío y entusiasmo las piedras.

-Mientras que termináis de limpiar las piedras, probaré este caldo, donde se han de añadir las piedras no sea que no esté en su punto -dicho lo cual, el viajero se sirvió un plato del guiso hasta arriba.

El viajero, una vez acabado el plato, se sirvió otro igual de repleto. Los miembros de la familia veían a aquel hombre como deglutía el jamón, la gallina y las verduras a dos carrillos, mientras la boca se les hacia agua y empezaban a mostrar síntomas de cansancio de tanto frotar las piedras.

-¡Ánimo, más brío, un poco más, y ya estarán listas esas estupendas piedras para añadirlas a la olla, no desfallezcáis que dentro de nada podréis disfrutar de la irrepetible sopa de piedras. De este modo estimulaba el viajero a los fatigados habitantes de la casa a la vez que terminaba ya el contenido del recipiente. El niño más pequeño de la casa advirtió el hecho y protestó ya en el límite de sus fuerzas:

-Señor, nosotros llevamos varias horas frotando con cepillos estas pesadas piedras, y usted en cambio se ha comido todo el guiso de la olla, ¿por qué no friega ahora un poco las piedras y yo como?

-Muchacho ignorante -clamó el viajero-, ¿no ves que yo soy el único que conoce el secreto de la sopa de piedras? Lo que yo he comido es un simple guiso de verduras, jamón y gallina que cualquiera sabe hacer y que se le puede añadir si se quiere a la sopa de piedras como acompañamiento. Yo, generosamente, me he brindado a mostraros mi secreto, y vosotros en cambio me habéis ofendido, pretendiendo que trabajase. ¡Nunca me he sentido más insultado!

Dicho lo cual, se dio la vuelta y desapareció de la casa en un santiamén.

Aquella familia se quedó de una pieza, y por más intentos que realizaron, nunca encontraron el secreto de la sopa de piedras, pues cuando intentaban imitar lo hecho por el viajero, siempre les salía un guiso de verduras, jamón y gallina. En cuanto al muchacho, recibió una buena paliza y además se quedó varios días sin comer por idiota.



R.Malak dice:

Aquí el instructor es un viajero que con engaños solicita a una familia caridad. Obviamente un verdadero instructor no usaría el engaño. Esto apunta a la avaricia que todos abrigamos en el corazón. Pretende destacar por un lado que la caridad debe nacer en forma espontánea y sin interés y por otro lado a la falta de precaución del estudiante al ser manipulado por sus debilidades.

Decálogo para recordar sanamente


  • No te lamentes de las oportunidades perdidas.  Mientras lo haces, quizás esté pasando el último tren por delante de tu casa, tal vez está amaneciendo de nuevo, acaso alguien esté llamando a tu puerta.

  •  No sigas castigándote por los errores cometidos.  Es como repetir siempre la misma asignatura.  De este modo, nunca aprenderás la lección del amor que Dios te regala cada día, ni el arte de conjugar la vida.   El pasado pasó.   ¡Desahoga en Él tus afanes!

  • Vive agradecidamente el presente:  es tu tiempo y tu tarea.   De lo contrario, tu futuro puede convertirse en una vana ficción.

  • En la adversidad y en la debilidad haz también memoria: reaviva energías que ya usaste, despierta recursos qué conoces, desempolva entusiasmos que ya gozaste. Saborearás de nuevo la vida.

  •  No uses de tu pasado como pretexto compensatorio, como arma arrojadiza contra alguien, como acumulador de resentimientos: terminará por ser más fuerte que tú.

  • La nostalgia es actitud de necios.   Lo mejor, lo más interesante, lo nuevo (incluso cuando la soledad parece cegarte) es tu presente: acógelo, sácale partida.

  • Si ya no tienes objetivos, ilusiones y esperanza, aterrizarás forzosa y peligrosamente en el pasado.  Deja, por tanto, que por algún resquicio de tu alma o de tus ventanas, entre un poco de aire que mantenga vivo el rescoldo.

  • Mira siempre agradecido a tu pasado.  No te faltan motivos para ello.  Descubrirás que, a pesar de todo, ha valido la pena haber sido escogido desde la eternidad de Dios para la aventura maravillosa de la vida.

  • Vive cada día como una nueva oportunidad.  En el pórtico de la Vida que te ha sido prometida, ya puedes decir (con modestia, claro):  Confieso que he vivido.

  • He vivido, vivo y... viviré.

Deja de fumar YA!

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