La fama nos ciega. El efecto Neverland


Recientemente hemos visto en HBO una producción sobre Michael Jackson llamada Leaving Neverland donde se habla de los episodios de abusos sexuales que este habría cometido sobre los entonces menores Wade Robson y James Safechuck, y que estos en su momento no denunciaron, e incluso uno de ellos llego a declarar a favor del cantante. Dos capítulos de dos horas donde se puede ver como nadie fue capaz de ver nada de lo que estaba pasando. Incluso como ahora algunos aun lo justifican como hizo Barbara Streisand diciendo que "Sus necesidades sexuales eran sus necesidades sexuales, provenientes de la infancia que tuvo o del ADN que tenga" y que demuestra su nivel moral con ello. Pero que estaría al mismo nivel que quienes sospechaban en su momento, por estar cerca del cantante, y quienes tan cerca estaban que sabían y callaban.



Pero lo que debe de hacernos reflexionar como sociedad es lo que aquí llamo el “efecto Neverland” y que afecta a nuestra visión sobre las cosas. Nadie duda que Michael fuera un gran cantante y una estrella del pop durante años. El problema es que a menudo hacemos una translación de que ser un buen cantante, te lleve a ser una buena persona, un buen padre, o intachable en cualquier ámbito de la vida. No conocemos a la persona más allá de su imagen pública, tenemos solo una visión sesgada de esa persona, pero como nuestra mente no gestiona bien el hecho de tener huecos que rellenar, lo que hace es generalizar a partir de los conocimientos que tiene. A partir de aquí lo que hacemos es evitar nada que nos contradiga esa imagen, y si yo fuera un fan de Michael y me dicen que en otra parte de su vida no es una persona correcta, y que como se afirma en el documental era un abusador de menores, esto será inaceptable para mí, porque esa traslación haría de alguna manera que yo sintiera que es menos buen cantante, aunque no sea eso lo que se critica.

Cuando estemos criticando a alguien, pensemos si nos gusta más o menos en determinado ámbito de su vida, pero eso no hará que pueda no ser bueno o malo en otra cosa. Ejemplo de este efecto es el típico también comentario que vemos en las noticias de los vecinos de un hombre que mato a su mujer “pues era un tipo amable y saludaba en la escalera”, como si ser simpático con los vecinos fuera algo que impida ser un maltratador o un asesino.

Psicoterapia para el rico y medicación para el pobre.


Cada día más en España hay un problema grave en el ámbito de la psicologia que genera dos tipos de personas, aquellos que pueden permitirse venir a un centro privado y pagar las sesiones necesarias con un psicólogo para solucionar su problema en un plazo de tiempo razonable, y los que tienen que acudir a la sanidad publica y pasar por un vía crucis para solucionar el problema, si es que espera a ver al psicólogo y no solo vivir de pastillas.

En la Unión Europea hay una media de 18 profesionales de la psicologia por cada cien mil habitantes, mientras que en España esta media no llega apenas ni a 3, seis veces menos que la media, y por lo tanto hasta diez veces menos que países que llegan a los 30. Esto genera que haya dos tipos de tratamientos en el ámbito de la salud mental, dependiendo de si uno tiene o no tiene recursos para poder cubrirse por su cuenta esa necesidad.

Las personas con recursos que acuden a la psicologia privada pueden permitirse trabajar sus problemas con psicoterapia, y solucionar esos problemas en un plazo de tiempo más o menos corto, dependiendo del tipo de problema. Harán una visita cada semana, cada quince días o como mucho cada mes, y en visitas de una hora de duración normalmente. Ha estado bien atendido y ha llegado a una solución, ha superado su tiempo de baja si lo ha tenido que necesitar y se reincorpora a un ritmo normal fácilmente.

Las personas con menos recursos han de acudir a la sanidad publica y empezar aquí un largo y duro camino para encontrar esa ayuda. Normalmente hay que hacer una visita al médico de cabecera, que deberá derivar al psicólogo, si detecta que hay un problema. Entretanto lo más habitual será medicar al paciente con ansiolíticos o antidepresivos. Ahora la persona tendrá que esperar en el mejor de los casos un mínimo de uno o dos meses para ser atendido por un psicólogo, que con suerte podrá hacer una visita de no más de cuarenta minutos o incluso menos, y que marcando el caso de urgente quizás lo vea en un mes más, sino en dos o tres meses. Así pues, la persona después de un año apenas ha visto a su psicólogo un total de cuatro veces, doce veces menos frecuencia que la que habrá tenido en un centro privado.

Estas dos tipologías generan un problema muy importante de salud publica que no se aborda convenientemente. El hecho de alargar tanto las visitas públicas, hace que el paciente no tenga más remedio que sostener su patología con largas bajas, o con medicación que de otro modo se podría ahorrar. Estas situaciones producen no solo un coste para la sociedad, sino también para la persona, con un sufrimiento más que innecesario. De rebote esta gestión esta llevando a que nuestro país sea de mucho el que más fármacos antidepresivos y ansiolíticos esta prescribiendo, muy por encima de la media de Europa, no siendo además estos una solución porque no curan, y generando en algunos casos una dependencia a la medicación que lleva a la cronificación de su uso, cuando no a una adicción a las benzodiacepinas que es la más común en nuestro país.

Quizás es hora de plantearse el coste-beneficio que tendría una buena atención en salud mental en este país, dejar de invertir en medicar e invertir en tratar, mejorando la calidad de vida de las personas, y reduciendo un coste social y laboral enorme.

La marihuana la llave que la puerta de enfermedades psiquiátricas



Muchas personas creerán que este titular es algo para llamar la atención, que es la típica frase que luego cuando ves el desarrollo de la noticia no aparece, o no tiene nada que ver, pero este no seria el caso que nos ocupa. Las drogas tienen tres finales, la muerte, la cárcel o una enfermedad mental, y la única duda es cual de ellas nos va a llegar antes. Puede que el consumo será esporádico, y no lleguemos nunca a sufrir esa enfermedad, ni que nuestro consumo llegue a delinquir para conseguir dinero, y morir finalmente de alguna otra cosa.

La marihuana puede desarrollar la aparición repentina de enfermedades psiquiátricas como depresión, ansiedad y esquizofrenia, según se desprende de todos los estudios serios que se hacen. "La marihuana funciona como una llave, y si alguien tiene el gen dormido de una enfermedad psiquiátrica, esa droga lo puede activar” es la frase que escuche decir a un relevante psiquiatra mexicano, y que resumió como nadie los efectos de la droga.

A menudo se habla de la legalización de la misma en algunos países. Siempre se pone ejemplo a Holanda donde su consumo es legal, pero ya en 2013 registraron el nivel de atención sanitaria por problemas de adicción más alto de la Unión Europea. Y no vale el ejemplo de Suiza donde se ha legalizado en temas terapéuticos, porque se trata de una planta modificada para que no provoque ningún efecto alucinógeno y evitar su toxicidad con niveles de canaboides por debajo del 1% e una planta normal.

En su estado normal la hoja de marihuana tiene en su interior un total de 66 cannabinoides, que son moléculas de alcoholes, de los cuales el conocido como Delta 9 o THC es el causante de las alteraciones que sufre quien la consume. El THC evita dolores terribles en enfermos de cáncer terminal, y destaquemos aquí lo de terminal, puesto que en estas personas no teniendo ya posibilidades de sanación no es un problema pensar que en un futuro desarrollen ninguna patología mental, pues no tendrán la suerte de tener ese futuro. También se ha venido utilizando tanto en pacientes con cáncer como enfermos graves de SIDA para estimular el apetito y mantener la alimentación. En una persona sana, ese consumo de THC será la causa de los daños que terminará, en mayor o menor medida por sufrir.

A menudo se está banalizando estos daños, y incluso se inventan estudios que pretenden minimizar los daños a largo plazo, pero esto no cambia la realidad. Si una persona sana empieza en este momento a consumir, y en mucha mayor medida si es alguien por debajo de los veinte años, llegará a sufrir durante su vida como mínimo esos efectos de depresión y perdidas cognitivas más o menos importantes, es decir un envejecimiento prematuro más o menos importante según sea el consumo que se haya hecho. Nunca el efecto será ni positivo ni neutro.

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