Los celos: Ese mecanismo que engaña la mente


"Los celos hacen perder de vista el objeto del amor", expresó George Elliot y ahora un nuevo estudio viene a confirmar esta idea que había surgido del conocimiento empírico y de la experiencia popular acumulada con el curso de los años.

Realmente nuestra capacidad para razonar y analizar las cosas en perspectiva se altera en el preciso instante en el cual iniciamos a experimentar fuertes sentimientos, sobre todo si estos se manifiestan a través del miedo a perder el objeto amado (en este caso, la pareja). La atención y la memoria resultan algunos de los procesos psicológicos más comprometidos y, por un curioso contrasentido, las personas celosas tienden a focalizarse en los rivales atractivos. O al menos eso es lo que afirma Jon Maner, investigador de la universidad Estatal de Florida.

Vale puntualizar que esta investigación resulta uno de los primeros experimentos donde se intentan correlacionar los celos románticos con el funcionamiento cognitivo. Pero… ¿cómo se realizó?

Maner condujo este experimento con cientos de estudiantes heterosexuales; en la mitad de ellos se realizó un priming con la preocupación sobre la infidelidad pidiéndoles que escribieran sobre cuatro o cinco incidentes en los cuales se habían sentido particularmente celosos. El resto de los participantes tenía la misma tarea solo que debían escribir sobre cualquier situación que le hubiese provocado un elevado nivel de ansiedad, sin que ésta estuviese relacionada con la infidelidad.

Posteriormente cada participante fue clasificado en un rango de celotipia, en dependencia de sus experiencias y de cuán celosos se habían sentido ante las diversas situaciones que habían descrito.

Una vez completada la tarea de la escritura, en el primer estudio cada participante se sometió a una prueba de índole cognitiva. En una pantalla aparecían imágenes de personas y una serie de formas que los estudiantes debían valorar. Evidentemente, para realizar exitosamente esta tarea los participantes debían focalizarse exclusivamente en las formas y no en los rostros. El problema radicó en que aquellas personas que se sentían acuciados por los celos, obtuvieron puntuaciones muy bajas en la prueba debido a que se les hacía extremadamente difícil apartar la atención de los rostros de las personas atractivas que aparecían en la pantalla.

En el segundo estudio los participantes se enfrentaron a una prueba de memoria. En la pantalla se presentaban una serie de cartas con rostros de personas. Los estudiantes sólo debían emparejar las cartas según fuesen idénticos los rostros mostrados. Asombrosamente las personas más celosas también mostraron una memoria increíble para los rostros atractivos de su mismo género.

Así, podemos apreciar que los celos conducen a una especie de sobrevigilancia de género, debido a la cual nuestros recursos cognitivos se ven minimizados en aras de satisfacer otra demanda que nos resulta aún más apremiante. Si tememos que nuestra pareja nos abandone, asumiremos una actitud vigilante en nuestro entorno, buscando personas atractivas que puedan convertirse en un rival. De esta forma, nuestra atención y memoria se hallarán minimizadas para enfrentar el resto de las actividades.

En fin, una vez más se comprueba que los celos no son buenos consejeros.


Fuente:
Maner, J.; Miller, S.; Rouby, A. & Gailliot, M. (2009) Intrasexual vigilance: The implicit cognition of romantic rivalry. Journal of Personality and Social Psychology, 97: 74-87.

Jaume Guinot - Psicoleg col·legiat 17674
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