¿Para qué sirve un psicólogo?

No esta mal que los psicólogos nos preguntemos de vez en cuando por la utilidad de lo que hacemos, y más en momentos de cambio en el estatus jurídico y social de nuestra profesión como la que estamos viviendo en estos años en nuestro país.

Una posible respuesta a esta pregunta podía venir del lado de lo que realmente hacemos allí donde trabajamos, ya sea en un hospital, un colegio, un tribunal, una empresa o cualquier otro ámbito de actuación.

Los psicólogos que trabajan, por ejemplo, en centros de salud mental suelen decir que atienden primordialmente tres tipos de pacientes: los enfermos mentales que podíamos denominar 'clásicos', es decir, personas con problemas graves de salud mental; los pacientes con una vida más o menos 'normal', pero que afrontan una situación especialmente dura o que viven con una ansiedad que son incapaces de controlar; y por último, el grupo de los que, sin tener problemas especiales, buscan en la asistencia psicológica un procedimiento de mejora personal destinada a disfrutar más de la vida o rentabilizar sus capacidades personales.

Esta trilogía de problemas: conducta 'anormal', personas en situaciones vitales complicadas y crecimiento personal, está presente casi sin lugar a duda en todos nuestros ámbitos de actuación profesional. Y es que probablemente hay áreas y tareas donde nuestros conocimientos pueden resultar imprescindibles, otras donde podemos hacer una aportación importante y otras en la que, como bien dicen mis colegas Florentino Murillo y Luis Muiño, nuestra intervención si no inútil podría considerarse al menos como un lujo aunque con el paso del tiempo pase a considerarse imprescindible.

La psicología es una ciencia todavía relativamente joven, sólo hace 132 años que se independizó de su hermana mayor, la filosofía, y desde entonces la psicología científica y los psicólogos hemos ganado presencia en muchos de los ámbitos que tienen que ver con el comportamiento humano. Pero en este momento, en mi opinión, debemos huir de dos extremos: considerar que armados de nuestro cada vez más amplio caudal de conocimientos podemos dar respuesta a cualquier cuestión que se nos plantee sobre la conducta (tentación en la que en algún momento estuvieron a punto de caer tanto el psicoanálisis ortodoxo como el conductismo radical) y acomplejarnos ante otros saberes científicos, como la medicina o la biología, y renunciar por ello a reivindicar nuestros conocimientos y aciertos, ya sean estos en el campo terapéutico o en la intervención social o laboral, por poner sólo algunos ejemplos.

En mi caso particular, cuando alguien me pregunta ¿para qué sirve un psicólogo?, casi siempre respondo que fundamentalmente para ayudar a la gente corriente a descubrir cómo salir de situaciones difíciles que se les plantean en el transcurso de sus vidas, y que para ello utilizamos conocimientos y habilidades que provienen del empleo del método científico, para intentar responder a la pregunta de por qué los seres humanos nos comportamos como nos comportamos.

• Para saber más: 'El factor humano en pantalla. Un paseo por la psicología desde el patio de butacas'. Florentino Moreno y Luis Muiño. Editorial Complutense. Madrid 2003.

fuente: ymalaga.com

Jaume Guinot - Psicoleg col·legiat 17674
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