¿Por qué comemos más de lo que planificamos?

de Rincón de la Psicología de Jennifer
¿Te has preguntado en alguna ocasión cómo decides cuánta comida ingerirás en el almuerzo o en la merienda? Probablemente muchas personas, apelando al sentido común y a su experiencia, responderán que decidimos cuánto comer en relación con el hambre (o apetito, que no son la misma cosa) que sentimos y dejamos de comer cuando nos sentimos saciados.

Pues bien, esta respuesta no es del todo correcta ya que existen muchísimos elementos que determinan cuánta comida ingeriremos. Así, la cantidad de alimentos no se restringe únicamente a un mecanismo hambre-saciedad.

¿Cuáles son estos factores?

Por sólo citar algunos ejemplos develados en múltiples experimentos psicológicos: si estamos en un ambiente rodeados de una música agradable tenemos una mayor probabilidad de añadir un dessert a nuestro almuerzo; si la vajilla es grande, tendremos la propensión a comer más; en los buffet comemos mucho más que en los restaurantes y, por último, si nuestro compañero de mesa come mucho, también lo haremos nosotros.

Brian Wansink, director del Food and Brand Lab de la Universidad de Cornell, ha desarrollado a lo largo de su carrera una serie de experimentos interesantes que nos develan otros factores curiosísimos que determinan qué cantidad de alimentos ingerimos.

Uno de los experimentos más "terribles" pero interesante que ha realizado se enfocó en regalarle a las personas en un cine confecciones de popcorn con una antigüedad de cinco días. A algunas personas se les regaló una confección mediana y a otras una confección grande. Al finalizar la proyección del filme se pesaron los popcorn que quedaron en cada confección. Así, pudo apreciarse que las personas que recibieron las confecciones mayores, comieron el 53% más en comparación con quienes recibieron la confección más pequeña. Y este comportamiento no se debió precisamente al hecho de que el popcorn fuera delicioso sino simplemente a que tenían una mayor cantidad de comida a su disposición y estaban entretenidos con el filme.

Otro de los experimentos más curiosos de Wansink se sustentó en el uso de un plato sin fondo. Este plato presentaba un tubo mediante el cual se rellenaba el plato de forma que éste se mantuviese siempre medio lleno. Así, como las personas no se percataban de este truco, los investigadores podían evaluar qué motivaba a las personas a dejar de comer: la indicación visual o la sensación de saciedad.

Como ya podrá presuponerse, las personas que comieron en un plato normal ingirieron 9 onzas mientras que aquellos que comieron en el plato trucado ingirieron 15 onzas, ¡casi el doble! En otras palabras, como el plato se mantenía lleno, las personas hacían caso omiso a la sensación de saciedad o bien, ésta no se hacía consciente.

Así, Wansik afirma que como no siempre la saciedad es el indicador que nos detiene, utilizar algunos trucos perceptuales mientras comemos nos podría hacer ahorrar la ingesta de entre 100 y 300 calorías diarias, lo que equivaldría a perder entre 4 y 12 kilos en el periodo de un año. ¡Nada mal!


Fuentes:
Wansink, B. (2006) Mindless Eating: Why We Eat More Than We Think. New York: Bantam Dell.
Geier, A.B.; Rozin, P. & Doros, G. (2006) Unit bias. A new heuristic that helps explain the effect of portion size on food intake.Psychological Science; 17: 521-525.
Jaume Guinot - Psicoleg col·legiat 17674
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