La importancia de los límites en la adolescencia

La importancia de los límites en la adolescencia

Algo nos pasa respecto del tema de los límites; nos da susto llegar a esquemas autoritarios. Hemos caído en una confusión entre el concepto de autoritarismo y de autoridad. La autoridad es necesaria, porque genera limpieza, coherencia y la sensación de estar en un mundo seguro. El autoritarismo, en cambio, es el abuso de esa autoridad. Claramente nosotros no aplicamos autoridad, porque estamos cayendo en la permisividad, en un concepto de amistad con nuestros hijos que mal entendido significa no poner límites y no ser lo suficientemente restrictivos y ordenados. Un niño necesita eso, aun cuando en la adolescencia parecieran ser autónomos.
Nos encontramos frente a niños que se han ido acostumbrando a rechazar el cariño; pero realmente lo rechazan o levantan el hombro para escabullir un abrazo apretado de su madre, no porque que no lo quieran, sino porque simplemente están poniendo a prueba la capacidad de esa madre para tolerar la frustración y seguir insistiendo.
Los padres no nos podemos cansar de ser padres; por lo tanto, no nos podemos cansar de abrazarlos, de decirles que los amamos, de rascarles la espalda, de sentirnos orgullosos de ellos, de sacar el máximo provecho de sus talentos, de transformarlos en las mejores personas que puedan llegar a ser; de pulirlos y ese pulir duele muchas veces. No puedo ser una madre agradable todo el tiempo; tengo que ser también desagradable en algunas oportunidades.
El educar es una tarea que muchas veces duele en el alma y debo tener la capacidad para poder entender que ser padre o madre es una misión, no es una tarea que yo tickeé todos los días y que quedé contenta porque mis hijos me encontraron "buena onda". Ser padre o madre es una misión que dura toda la vida y sólo termina cuando uno de los dos fallece. Y si a cualuier edad mi padre me llama la atención, yo agacharé la cabeza y lo escucharé porque es autoridad, porque es un ser con el que me he reconciliado a lo largo de la vida, con el que he logrado sentirme cercana y tremendamente protegida.
Lo mismo pasa con mi madre. Por lo tanto, creo que ese proceso lo vivimos todos los seres humanos y a cualquier edad, no importa que ya seamos grandes. Mientras más viejos nos volvemos, más terminamos agradeciendo las cosas que nuestros padres nos dieron y cambiando aquellas que nos hicieron sufrir, pero que sin duda fueron un aprendizaje como toda experiencia dolorosa.
Éstas son las características generales de los adolescentes: el buscar sueños, el tener que diseñar un proyecto de vida, el poder descubrir a cuál condición sexual fueron llamados, si a una condición heterosexual u homosexual. Porque la bisexualidad, como condición, no existe. Es un juego electivo de homosexuales, mayoritariamente no asumidos, o de heterosexuales que están jugando a ambos bandos. Pero en general, la adolescencia implica un camino de hallazgos, donde yo puedo descubrir cosas negativas en mí y decidir qué tipo de adolescente quiero ser, que es el gran desafío de la adolescencia. Eso lo vamos a analizar y a descifrar en articulos posteriores de for ma muy precisa en cada una de las etapas de la vida.
Algo que también llama mucho la atención es el tema del miedo, lo que hace caer a esta generación en conductas de riesgo. El miedo tiene dos elementos: uno positivo y uno negativo. El positivo es el que me protege y me avisa de los peligros; por lo tanto, me hace no cometerlos de forma innecesaria en pro de un beneficio mayor que es el autocuidado. El miedo negativo, en cambio, es el que me impide avanzar producto de trancas internas o del clásico "no va a resultar", que frena que logre mis sueños y que trabaje por ellos. Tiene que ver un poco con el apabullamiento social de destruir eso en lo que creo o en lo que quiero trabajar; es una destrucción provocada porque el resto me dice que no va a funcionar.
El tema del miedo pareciera ser que hay que vencerlo, pasar por sobre él; por lo tanto, el niño que se arriesga a tomar alcohol antes de los 18 años está venciendo el miedo, está siendo valiente, y eso es reforzado por su grupo. También el miedo juega un rol importante en la actividad sexual y en la delincuencia, en el atreverse a robar para probarle al grupo que tengo valentía y que soy un hombre grande; soy reforzado y valorado por eso, por haber vencido el miedo.
Claramente el miedo no es necesario vencerlo del todo. No tengo por qué vivir todas las experiencias en la vida para poder hablar de ellas o sentir que he crecido. Para decir que he madurado no necesito experimentarlo todo. Yo puedo ser mucho más maduro y equilibrado diciendo que no, ser más valiente. Es más difícil hoy decir que no al sexo, a la droga o al alcohol, porque eso —como estamos en el mundo al revés— genera claramente un fuerte castigo social. Entonces, además de hacer las cosas bien, estos adolescentes tienen que cargar con la sanción social de sentirse ridículos y distintos. Generalmente, sus propios padres son castigados también por ser demasiado diferentes al resto de los padres, por ir contra la corriente y por ser anticuados. Esto genera, por lo tanto, muchos conflictos familiares, justamente por hacer lo correcto.
Hay que reflexionar qué pasa con el miedo; por qué es necesario traspasarlo si podemos usar el factor protector de éste.
Otra característica general de la adolescencia tiene que ver con el aburrimiento, con la tolerancia, con aprender a entender las diferencias, con ver a mis padres como seres que, a pesar de ser estrictos conmigo a veces, en el fondo tienen una noble intención, que quizás no me va a beneficiar ahora, pero sí cuando tenga treinta años. Entender eso en el centro es lo que me permite seguir amándolos, pero esto sólo se consigue cuando existe una buena comunicación familiar y cuando hay valores y límites claros dentro de la familia; de otra forma es imposible que un niño pueda sentir esa incondicionalidad a pesar de ser castigado o reprendido, es decir, ser educado para asumir las consecuencias de sus actos.
También dentro de los peligros de la adolescencia está claramente la tecnología. Muchas veces los adultos no tienen acceso a ella por desconocimiento o por miedo a meterse en el sistema. Tampoco sabemos entonces si nuestros hijos tienen fotolog o si pertenecen a Facebook.
Por otro lado, la sexualidad prematura es uno de los peligros mayores para los adolescentes, porque muchos de ellos no están preparados física, psíquica, emocional ni espiritualmente para poder iniciar una vida sexual. Nos encontramos también con la iniciación en las drogas y sobre todo en el alcohol, que es la puerta de entrada a todo lo anteriormente dicho. Además, está el hecho de cómo estos adolescentes manejan los cambios corporales que son tan distintos a los de nuestra generación. Hoy día una joven de 15 años tiene cuerpo de mujer, se ve como mujer, no como niña, como nos veíamos nosotras. Y con los hombres pasa lo mismo.
Ha habido también cambios en las conductas de género. A veces los hombres parecen más afeminados; usan planchas para alisarse el pelo, por ejemplo; las mujeres se ven bastante más amachadas y más gruesas, incluso corporalmente. Y, por supuesto, hay una generación de niñitas que tienen un cuerpo ya de mujer grande, no teniendo la emocionalidad, la espiritualidad ni la madurez correspondiente a ese cuerpo. Entonces se produce una contradicción, que es uno de los peligros importantes que los padres debemos aprender a manejar.
Pero también nos encontramos con adolescentes —en el capítulo que viene— que yo llamo Los verdaderos adolescentes bacanes, que son los que están haciendo bien las cosas. Porque hay un montón de adolescentes que se proyectan hacia los otros, que quieren cambiar los países en los que viven, que trabajan por sus sueños. En cambio, los que llamo adolescentes bacanes son los que en Chile parecen ser los jóvenes que toman, que besan a cualquier mujer o a cualquier hombre, que flojean, que no estudian. Esos adolescentes son reforzados, observados y mostrados en las noticias como representantes de una generación.
fuente: inmedicina

Jaume Guinot - Psicoleg col·legiat 17674
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