Psicología: del dolor al desafío


La vida transcurre hasta que en algún momento llega la muerte, y con ella, la pérdida de un ser querido, causando gran impacto y confusión. Duelo, del latín duelum, significa dolor. Y también significa desafío. El dolor del duelo no se parece a ningún otro. Y no hay forma de evadirlo: ni al dolor ni al duelo.

El asunto es ¿qué se hace con ese dolor? La persona que sufre una pérdida puede quedarse estancada en su impotencia, en su rabia. O puede trabajar esos sentimientos hasta aprender a seguir la vida de la manera más creativa posible.

La licenciada Diana Liberman, asesora de Grupo Jardín del Pilar y directora de Duelum, centro de Recuperación Emocional de la Pérdida, explicó que "cada persona siente, vivencia, percibe y manifiesta su dolor de manera única".

Liberman señaló que "algunos duelos son fluidos; otros, largos viajes de sentimientos encontrados. Algunos podrán superarlo en meses, otros necesitan años. Es importante no confundir la duración del duelo con el grado de amor. Menor tiempo no significa querer menos a la persona que se fue".

"Cada duelo es distinto, cada pérdida es diferente. El duelo femenino se diferencia del masculino, el duelo de un hijo es distinto del duelo de un padre, el duelo de un amigo tiene otras características que la pena por perder una pareja", señaló la especialista.

Sin embargo, aclaró que, "en líneas generales, desde el punto de vista psicológico se atraviesan diversas etapas sucesivas:

1) SHOCK: La primera fase es el shock que deja la pérdida. En el momento del impacto suele haber enojo, aflicción y euforia. También hay aturdimiento y automatismo: se actúa impulsado por cierta inercia.

2) ANHELO: Superado el desasosiego, comienza a percibirse la realidad. Entonces, llega la segunda fase, cuando prevalecen el anhelo y la búsqueda. En ocasiones, esos sentimientos se alternan con la negación. Se quiere recuperar a la persona perdida, hay llanto, congoja, inquietud, insomnio. Se espera el reencuentro; luego surge la pregunta constante de ¿cómo estará?.

"Esta fase trae sensaciones de presencia de la persona ausente. Puede haber enojo con el entorno, con uno mismo, con la persona que ya no está. La esperanza de recuperarla sigue estando", dijo.

3) NUEVA VIDA: Luego, hay que comenzar a aprender a vivir sin la persona fallecida, reubicándola emocionalmente y encontrando el sentido a la nueva vida. Es importante entender que siempre vamos a poder conservar el amor que sentíamos por ella, ya que vivirá por siempre en nuestro corazón.

"Durante el proceso, además de todas las emociones anteriormente citadas, pueden aparecer síntomas físicos tales como náuseas, palpitaciones, opresión en la garganta y el pecho, cansancio, entre otros. En estos casos siempre es aconsejable realizar un chequeo médico", comentó Liberman.

La especialista manifestó que "una vez atravesado el proceso normal de la pérdida, es posible afirmar que el proceso de duelo está resuelto cuando podemos recordar a quien perdimos sin sentir tanto dolor, aprendimos a vivir sin él o ella y podemos generar nuevos proyectos y mirar al futuro, sin olvidar el pasado".

"El trabajo del duelo es algo cotidiano, continuo y permanente. La recuperación emocional no es redención ni trae a nadie de regreso a la vida; pero sí enseña a crear una red nueva que incluya el agujero de la ausencia. Porque en definitiva, no se trata de recuperar al otro sino de recuperarse a sí mismo", concluyó.
FUENTE: asteriscos tv

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