Filias, parafilias y demás perversiones

de El Efecto Galatea 

Toda disciplina científica recurre a clasificaciones. Con ellas, identifica y describe los distintos fenómenos que estudia, a la vez que facilitan un lenguaje común entre los expertos. Para un lego, puede resultar exagerado que todo lo que sucede a nuestro alrededor tenga necesariamente un nombre científico, como si hubiera una especie de manía en etiquetarlo todo. Pero la verdad es que, como norma general, las taxonomías son necesarias y útiles.
En psicología, por ejemplo, podemos encontrar multitud de nombres para describir los fenómenos mentales y conductuales y los mecanismos psicológicos que rigen nuestro comportamiento. Sin ellos, sería imposible la comunicación científica y no habría posibilidad de llevar a cabo una investigación rigurosa. Sin embargo, hay que reconocer que en algunas áreas se ha llegado a extremos que parecen un tanto absurdos. Quizás el ejemplo más significativo es el de las fobias, donde podemos encontrar más de 500 tipos distintos.
Pero vamos a dejar para otro día el tema de las fobias, y hoy vamos a hablar de otro asunto más divertido: el sexo. En este terreno, las denominadas parafilias (comportamientos recurrentes, desviados respecto de lo normal y en el que la fuente del placer no se encuentra en el propio acto sexual sino que depende de otros elementos no necesariamente relacionados con la sexualidad) son otro buen ejemplo de afán etiquetador, ya que hay cerca de 100 tipos distintos.
Las parafilias son mucho más habituales de lo que en general pensamos y la mayoría son inocuas e inofensivas, si exceptuamos a las que se realizan contra la voluntad de alguien o implicando a terceras personas sin capacidad de elección ni madurez suficiente y que por lo tanto pueden sufrir un grave daño, como es el caso de la pedofilia. Además, los criterios para considerar si una conducta sexual es parafílica han variado a lo largo de la historia y en las distintas sociedades. Por ejemplo, prácticas como la masturbación y el sexo oral se consideraban parafilias hasta mediados del siglo XX, y en la actualidad, salvo que la sexualidad de la persona se limite exclusivamente a ellas y no se encuentre placer en otras prácticas, ya no es así. Hoy día, por lo tanto, hablar de parafilias es hablar de hábitos sexuales diferentes a lo normal (aunque por supuesto definir qué es "normal" en este terreno es cuando menos complicado). Pero, si bien depende mucho de la vivencia propia de cada individuo, es cierto que cuando la sexualidad es rígida, limitada y excesivamente centrada en un objeto y produce un malestar significativo o un deterioro social, laboral o en otras áreas, sí se puede calificar de patológica.
En cualquier caso, si el comportamiento humano en general se caracteriza por mostrar hábitos y costumbres diferentes, en el sexo la variedad se dispara. Son muy conocidos el fetichismo, el sadomasoquismo o elvoyeurismo, por poner sólo tres ejemplos. Pero hay muchos otros, más llamativos y mucho menos conocidos. Por ejemplo hay parafilias relacionadas con la atracción hacia las mutilaciones y las minusvalías. Así, laabasiofilia es la atracción por personas mutiladas, cojas o paralíticas, y la amelotatista supone lograr la excitación con la amputación de un miembro de su propio cuerpo. Si el deseo es provocado por la idea de ser amputado (sin que llegue a ser real), estamos hablando de apotemnofilia. En la dismorfofilia la atracción se produce hacia personas con deformaciones físicas. Por último, la amaurofilia es una preferencia por el sexo con personas invidentes o con los ojos vendados.
Si bien todos conocemos el ya mencionado voyeurismo (excitarse viendo a escondidas a terceras personas, con riesgo de ser descubierto), no es tan habitual la llamada autoagonistofilia o mixoscopia, que es la excitación derivada de ser observados al realizar el acto sexual. Si el deseo sexual se despierta por el hecho de que la actividad sea oída por otras personas, estamos hablando de agrexofilia, y si la excitación se produce al ver a la propia pareja con otra persona, se trata de candalagniacandaulismo o triolismo.
Hay otros ejemplos aún más extravagantes, como la autonepiofilia, que es la excitación por representar el papel de un niño de pañales y ser tratado de esa forma por la pareja, la crematistofilia, excitación por el hecho de ser obligado a pagar por los servicios sexuales o de ser robado por la pareja, la formicofilia, en la que se llega al deseo gracias al contacto con animales como caracoles, ranas, hormigas u otros insectos que se deslizan, arrastran o mordisquean los genitales y los pezones, y la klismafilia, excitación provocada por el hecho de recibir un enema.
También los hay con manías que resultan curiosas e incluso simpáticas, como la amiquesis, excitación producida al rascar a la pareja durante el acto sexual, la autoungulafilia, donde el placer se obtiene al rascarse los propios genitales, la knismolagnia, excitación producida por las cosquillas, o la latronudia, excitación por desnudarse ante el médico (aunque posiblemente esta última no haga mucha gracia a los galenos).
Otras prácticas parafílicas implican un cierto elemento de riesgo y agresividad, como la simforofilia, excitación al provocar un desastre, tal como una explosión  o un accidente de tráfico, y observar qué sucede (más de uno se acordará de la película "Crash", de David Cronenberg), la belonefilia, atracción por pincharse y hacia las agujas, la odaxelagnia, excitación producida al morder o ser mordido por la pareja, la clastomanía, placer al romper la ropa de la pareja y destruir objetos, la crematofilia, atracción por ser quemado o pensar en quemarse, la electrofilia o electrocutofilia, excitación por la electricidad y las descargas eléctricas, y lahibristofilia, excitación cuando se sabe que la pareja ha cometido un crimen violento como una violación o un asesinato. Y el más gore de todos: en la erotofonofilia, la excitación se logra al provocar la muerte del compañero sexual, coincidiendo el orgasmo con la muerte de la pareja.
El lugar donde se mantienen las relaciones también puede determinar la parafilia, como en la alveofilia, atracción por practicar sexo en una bañera y en la amomaxia, donde la excitación se consigue al tener relaciones dentro de un automóvil estacionado. Y algunos rasgos físicos dan pie a parafilias como elacomoclitismo, excitación por los genitales depilados o afeitados, la acucullofilia, atracción por los penes circuncidados, la anastimafilia, atracción por las personas obesas, y la alotriorastia, excitación hacia parejas sexuales de otras razas.
Otros ejemplos son más escatológicos: la flatofilia es la atracción por el olor de los gases intestinales propios o de la pareja, la hematofilia es la excitación por ver tocar o beber la sangre, y la hemotigolagnia es la atracción por los tampones usados.
Para terminar este breve repaso de las parafilias, hay que mencionar la ciprieunia, en el que la persona consigue la excitación sólo al tener relaciones con prostitutas, la dacryfilia o dacrilagnia, excitación al ver lágrimas en los ojos de la pareja, la dendrofilia, atracción al frotarse contra los árboles u otros vegetales, lalogizomecanofilia, deseo sexual hacia los ordenadores (¡mira que los hay pervertidos!), y la tafefilia, excitación al ser enterrado vivo.
En definitiva, la imaginación humana no parece tener límites. Y si de sexo se trata, las posibilidades son casi infinitas. Vivir para ver…

Jaume Guinot - Psicoleg col·legiat 17674
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