Inventarse enfermedades o el gran negocio de los laboratorios

Muy interesantes y oportunas las declaraciones del psicólogo estadounidense Jerome Kagan en el último número de la revista alemana Der Spiegel.
Kagan, exprofesor de Harvard, uno de los psicólogos más destacados del siglo XX y autor de un libro titulado Psychology's Ghost en torno a la crisis de la psicología y la forma de hacerle frente (Yale University) denuncia algo que se ha convertido en uno de los vicios de la sociedad moderna y que tan bien explota la industria farmacéutica: la medicalización y psicologización de conductas que hasta hace poco formaban parte del proceso vital de una persona.
Continuamente se inventan enfermedades o carencias, por ejemplo, cuando se habla de la inapetencia sexual masculina o femenina y se propone curarla con una "viagra" para uno u otro sexo. Se inventan también remedios contra la timidez, contra la depresión, contra la fobia social y cualquier otro estado de ánimo o conducta. La medicina moderna está llena de ejemplos.
Kagan denuncia en su libro cómo muchas personas, sobre todo niños, han sido declaradas injustamente como enfermos psíquicos al mínimo trastorno del comportamiento.
El psicólogo estadounidense lleva más de medio siglo estudiando el desarrollo infantil y una de sus conclusiones es que aunque los hijos de familias pobres o inmigrantes tienen hoy más posibilidades que hace cincuenta años, muestran muchas veces frustración o temores, lo que él atribuye a factores externos como la creciente desigualdad en el seno de nuestras sociedades.
Entre los hijos de familias pobres se ha incrementadlo fuertemente el diagnóstico de trastornos de atención y depresiones hasta el punto de que si en los años sesenta apenas se conocían casos de trastornos psíquicos entre los niños, hoy, según estadísticas oficiales, uno de cada ocho niños estadounidenses sufre algún problema de ese tipo.
Según el psicólogo infantil, ese incremento no refleja, sin embargo, una realidad: hace cincuenta años, a un niño que se aburría y causaba algún problema en clase con su conducta le habríamos tachado de "vago", pero hoy a quien muestra esos síntomas le diagnostican un "trastorno por déficit de atención y/o hiperactividad" (TDAH).
Para Kagan, se trata, sin embargo, de una pura "invención". Hoy en día, al menos en Estados Unidos, a cada niño que no se comporta en la escuela como se cree que debería, se le manda inmediatamente al pediatra, que le diagnostica a su vez rápidamente ese trastorno y le receta metilfenidato, conocido por la marca comercial Ritalina.
El problema, dice el psicólogo, es que cuando los médicos tienen un fármaco a su disposición, se inventan el correspondiente diagnóstico.
Ahora bien, ¿qué se entiende por "trastorno psíquico"?. Cuando se entrevista a niños o jóvenes de entre doce y diecinueve años, se clasifica hasta a un 40 por ciento de ellos como inquietos, angustiados o o depresivos. Pero si se profundiza en las entrevistas para intentar averiguar en qué medida ello afecta a su vida diaria, los adolescentes problemáticos no representan más de un 8 por ciento.
Es por tanto ridículo, afirma Kagan, tratar como si fuera un enfermo a cualquier niño que da la impresión de estar angustiado o deprimido. Es normal que un joven esté triste o que tenga ciertos temores: a lo mejor le ha dejado de pronto algún amigo o amiga, o tal vez no tiene claro qué estudiar y por eso se preocupa. "La tristeza y el temor forman parte de la vida lo mismo que la rabia o la frustración sexual", sostiene el experto.
Tipificar esos estados de ánimo o determinadas conductas como enfermedades significa ante todo un gran negocio para la industria farmacéutica y más dinero para los psiquiatras y los investigadores. Se trata de una nada santa alianza entre los grandes laboratorios, que hacen millones gracias a ello, y un gremio profesional, que se preocupa sólo de sus propios intereses, denuncia Kagan.
Y es al mismo tiempo contraproducente para los propios jóvenes porque parece indicarles que hay algo que no funciona y tiene con frecuencia sobre ellos un efecto paralizante.
Kagan se refiere asimismo al llamado trastorno bipolar (maníaco depresivo), fenómeno antes prácticamente desconocido entre los menores, pero que hoy padecen, según se dice, un millón de jóvenes de EE UU.
Todo ello empezó cuando un grupo de médicos del hospital general de Massachusetts comenzó a diagnosticar como "bipolares" a los niños que sufrían súbitas rabietas. Es algo que nunca debieron hacer, dice Kagan. Pero los laboratorios estaban entusiasmados porque los fármacos contra ese tipo de trastornos son caros. Y así se inició una tendencia.
Según el psicólogo estadounidense, "ocurre un poco como en el siglo XV, cuando la gente creía que uno podía estar poseído por el demonio". Hoy el interesado exorcista es el médico que ha recibido antes a algún visitador de laboratorio.
fuente: la provincia
Jaume Guinot - Psicoleg col·legiat 17674
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