Deberes del psicólogo

de Directorio de Artículos de Psicología 
… Y ha llegado el momento de centrarnos en verdaderos objetivos de deontología, bioética, y en los deberes del psicólogo. Pero,  cómo ponerme a escribir sí me siento como aquel día Ignacio Pozo, cuando empezó a escribir su libro "Aprendices y maestros".

Tengo el corazón pesado
De tantas cosas que conozco
Es como si llevará piedras
Desmuestradas en un saco
O la lluvia hubiera caído,
Sin descansar en mi memoria

Estos freses decía él, cuando no supo empezar con su libro. De igual manera me siento yo, hoy en día. Sé,  que no me queda otra, qué escribir…pero de tantas ideas que tengo en la cabeza, y de todo que me gustaría contar…no sé por dónde empezar…

Así,  pues escribiré,  como escribió Ignacio Pozo: "de lo que recuerdo, y de lo que tengo en la memoria, de lo que se y de lo que supe, de lo que perdí en el camino entre tantas cosas perdidas…"

Seguramente recuerdo que en la asignatura teníamos la oportunidad de ver, a través,  de varios ejemplos presentados en clase,  cómo la práctica psicológica no siempre va de acuerdo con las normas éticas y bioéticas, y pude causar el daño a los pacientes. Nos machacan y nos dicen  qué la atención psicológica, terapéutica intenta beneficiar a los pacientes, pero como vemos en los ejemplos presentados a continuación, la cosa no es tan fácil.
Cada día los psicólogos  se enfrentan a las múltiples situaciones, dónde tienen que demostrar la responsabilidad no sólo a los propios actos, sino deben que responsabilizarse de otros, también.
En el mundo actual no basta solo decir que "no haré daño y actuaré con el beneficio del paciente" hay que añadir algo más. Este algo es el principio de bioética, concretamente la justicia y autonomía, que ayudan al paciente en su integración en la sociedad independientemente de su cultura, religión, sexo, edad, nacionalidad, clase social, ideas y proyectos vitales que tiene.

Nosotros, como futuros psicólogos deberíamos prestar más atención a los errores que se comenten en la práctica profesional de la psicología , dado que es en fenómeno que crece  y para ser un buen terapeuta deberíamos tener especial cuidado a la hora de trabajar con la gente. Si conocemos con más profundidad los principios bioéticos, seguramente los errores disminuyen de forma significativa.
El objetivo por lo tanto de este ensayo,  se va a centrar en la descripción de distintos errores, más llamativos  dentro de la terapia psicológica, considerando la perspectiva bioética  y su contextualización de acuerdo con el Código Odontológico.
Mi justificación sobre el tema elegido parece ser obvio. Dentro de nada terminaré mi carrera y me pongo a trabajar. Un día seguramente recordaré las clases de Ética, en dónde hemos hablado mucho sobre los principios básicos  presentados en el Informe Belmont (beneficencia, no mal eficiencia, autonomía, justicia)…y ojalá me sirven de quía durante toda mi práctica profesional.

Principios básicos
El Código Odontológico surgió con la idea de reunir todos los valores u ideas profesionales que debería poseer un psicólogo. Los principios éticos, como sabemos son objetivos y aspiraciones ideales que orientan a los psicólogos en su actividad profesional. No tienen el carácter exhaustivo ni son reglas obligatorias, se adoptan de forma voluntaria según la meta propuesta.
Principios éticos tienen sus objetivos específicos. Sánchez Vidal habla de objetivo social, que aclara y garantiza el compromiso ético de la profesión hacia la sociedad, es decir, favorece la confianza entre psicólogo y la sociedad. Así,  por un lado tenemos "ethos" del yo, por otro lado "ethos" de otros (comunitario) y al final con todo esto tendríamos que llegar a lo bueno universal. Friedrich Hayek decía que "El principio de que el fin justifica los medios se considera en la ética individualista como la negación de toda moral social. En la ética colectivista se convierte necesariamente en la norma suprema; no hay, literalmente, nada que el colectivista consecuente no tenga que estar dispuesto a hacer si sirve al bien del conjunto, porque el bien del conjunto es el único criterio, para él, de lo que debe hacerse. "¿Es fácil?…yo diría qué no, pero tampoco es imposible.

Sobre todo siempre hay que tener en cuenta los principios presentados en Informe de Beltmont (1979). Este informe titulado "Principios éticos y pautas para la protección de los seres humanos en la investigación", fue creado por Departamento de salud, Educación y Bienestar de Estado Unidos y entrega el marco ético a las prácticas e intervenciones realizadas con seres humanos.
En uno de los documentos de National Institutes of Health se encuentra la definición de Principios Éticos Básicos, y se dice: "La expresión principios éticos básicos se refiere a aquellos conceptos generales que sirven como justificación básica para los diversos principios éticos y evaluaciones de las acciones humanas. Entre los principios básicos aceptados generalmente en nuestra tradición cultural son los siguientes: los principios de respeto a las personas, beneficencia y justicia".
Un año más tarde de presentación de informe de Beltmont,  Beauchampp y Childress introdujeron en la reflexión bioética el concepto de no maleficencia que es aceptado universalmente como cuarto principio. Así, entonces en la práctica psicológica, terapéutica  se debe fijar en los siguientes principios: beneficencia, no mal eficiencia, autonomía y justicia.


Hablando de bene facere, ya desde el Juramento Hipocrático, se señalaba que se encarga  de hacer el bien al paciente. Cabe añadir que toda ética profesional tiene un doble significado en cuanto al concepto de beneficencia. Por un lado consiste en hacer bien una cosa,  y por otro lado,  hacer bien al otro mediante esa actividad que se hace bien. Si nos metemos con profundidad al concepto de beneficencia en la profesión del psicólogo, encontramos que se rige por varios componentes. Una de ellas es la responsabilidad ante sí mismo y ante el paciente, es decir lo que hacemos y lo que decimos influye en ambas partes y en el desempeño profesional."El verdadero buscador crece y aprende, y descubre que siempre es el principal responsable de lo que sucede", decía Jorge Bucay (psicoterapeuta argentino).
La competencia, siguiente componente de beneficencia requiere unas habilidades y una base teórica. Una de mis antiguas profesoras decía: "El psicólogo solo con los conocimientos, es un académico. Si tiene las habilidades, pero no tiene el conocimiento, es puro charlatán. Si es capaz unir las dos cosas, es competente y buen terapeuta".

No debemos olvidar tampoco de la eficiencia, que se refiere a la realización de trabajo bien hecho sin desperdiciar los recursos humanos y materiales.
Guillermo Ballenato recoge este concepto de forma muy clara:
"La eficiencia apunta directamente al que queremos conseguir. La eficiencia se encuentra vinculada al cómo. La eficiencia dispone y aprovecha adecuadamente los recursos y reduce el coste necesario para conseguir el objetivo deseado."
Y a continuación tenemos otro concepto, diligencia. Consiste en el cuidado, atención, agilidad  y exactitud que hay que poner el trabajo.

En definitiva el principio de beneficencia implica a tratar a una persona de forma ética, respetar sus decisiones, protegerle de daños y garantizar a medida de las posibilidades bienestar físico y psíquico.

Siguiente principio no mal eficiencia (primum non nocere), ante todo trata de no causar daño y no lesionar la integridad de ser humano. Este concepto hipocrático tiene su obligación moral y "no hacer mal" es su deber mínimo. Es obvio que todos los pacientes cuando acuden a la consulta esperan que se les atienda sin prejuicios y sin daños físicos y psíquicos, sin dolor, utilizando las herramientas y conocimientos más adecuados respecto al caso.
Claudo Bernard decía respecto al principio de no mal eficiencia qué "Uno no debe lastimar a una persona, no importa que beneficios pudiera traer a otros. Sin embargo, aún el evitar el daño requiere saber que es dañino, y en el proceso de obtener esta información las personas pueden exponerse al riesgo de daño."
De acuerdo con Juramento Hipocrático no mal eficiencia implica también  beneficiar a los pacientes  "de acuerdo a su conocimiento". Claramente para llegar a ello es necesario el tiempo y la práctica. Nadie desde primer día de su trabajo es perfecto. La tarea de aprender a beneficiar a los pacientes exige  la experiencia por parte de profesional, pero hay que tener en cuenta que al mismo tiempo ya puede hacer daño al paciente. Aquí, por ejemplo, podemos hablar de distintas terapias, medicamentos, tratamientos, etc.
Así entonces, el principio de no mal eficiencia aparte de no dañar, busca siempre las mejores posibilidades. Aquí, por ejemplo, me refiero a  nuevos avances científicos e investigaciones científicas, tanto a nivel particular como a la sociedad en general. Cada investigador, cada investigación y cada institución tienen la obligación moral de aumentar los beneficios y reducir riesgos que pueden ocurrir como resultado de dichas investigaciones. Aparte, siempre hay que verificar y calcular bien los riesgos que puede conllevar ésta a corto y largo plazo.
Lydia Buisán, añade que cada profesional tiene la obligación moral y ética de:
  • Tener una formación teórica y práctica rigurosa y continuamente actualizada para dedicarse al ejercicio profesional.
  • Buscar e investigar procedimientos diagnósticos y terapéuticos nuevos y mejorar los existentes para que sean menos cruentos y dolorosos para el paciente, y minimicen los riesgos a los que éste se expone con ellos.
  • Avanzar en el tratamiento del dolor.
  • Evitar la llamada medicina defensiva no multiplicando innecesariamente los procedimientos diagnósticos.
  • Cultivar una actitud favorable para que la relación con el paciente sea óptima.


Cabe añadir que hay autores, como William Frankena, que consideran que los dos principios (beneficencia y no mal eficiencia) pueden unificarse, tomándose el principio de no mal eficiencia como parte integrante del de beneficencia.

La autonomía es el principio en dónde la persona tienen derecho a gobernarse i dirigirse a sí misma. Sus decisiones deben ser respetadas siempre que no perjudiquen a otros. Cada ser humano tiene el derecho de establecer sus valores y principios y con ello desarrollar su proyecto vital. Se caracteriza sobre todo por la capacidad de su autodeterminación, dado que es la característica básica de la persona. Ella se manifiesta en nuestras habilidades para establecer distintos  objetivos. Eleuterio Gandía decía que "en la actualidad, se define como persona autónoma aquella que tiene capacidad para obrar, facultad para enjuiciar razonablemente el alcance y significado de sus actuaciones y responder por sus consecuencias".
Este principio define también Kant. Él estableció un paralelismo entre concepto de persona y la moralidad, así afirma que "el hombre es persona precisamente por darse a sí mismo el imperativo de la ley moral. Ser persona consiste en ser sujeto moral autónomo". En esta línea se pronuncia también Macklin cuando afirma que "el agente autónomo es aquel que está autodirigido, en vez de aquel que sigue los mandatos de otros."
La autonomía es uno de los principios que incorpora la bioética a la ética  tradicional, y en definitiva tiene objetivo de  la aceptación del otro como agente moral responsable y libre para tomar decisiones. Eso significa tres cosas importantes:
  • Tener la libertad de elegir
  • Tener la capacidad de fijar una posición propia respecto a determinado hecho
  • Poder asumir la responsabilidad de sus propios actos
Este principio implica la capacidad de comprender las situaciones propias y de perseguir objetivos personales sin estar dominados por coacciones. A diferencia del modelo de beneficencia este principio entiende los valores y creencias del paciente como la principal consideración en la determinación de la responsabilidad del profesional y se aplica a las responsabilidades del profesional porque profesionales  y pacientes no son iguales en cuanto a la posesión de información y capacidad de controlar hechos y circunstancias. Con ello Buisán estableció  "que la persona autónoma debe tener capacidad suficiente para comprender las informaciones proporcionadas por el profesional, y junto con ello dichas informaciones deben ser adecuadas y presentadas de forma correcta y fácil de entender". Por otro lado, la persona autónoma debe comprender que existen las posibles consecuencias de cada decisión que toma, por lo que debe tenerse en cuenta también la propia escala de valores del  paciente (en caso de profesionales), tales como la autenticidad.
Como consecuencia de todo mencionado anteriormente este principio tiene implicaciones considerables para los profesionales que intervienen en la atención ya que obliga a:
  • Proporcionar al paciente toda la información relevante que le permita tomar decisiones con conocimiento de causa.
  • Facilitar la comunicación utilizando un lenguaje comprensible y sabiendo escuchar con la actitud de querer comprender su situación, deseos y preferencias.
  • No engañar sobre el diagnóstico, pronóstico y calidad de vida resultante del tratamiento propuesto a menos que el paciente manifieste su deseo a no saber.
  • Respetar la confidencialidad así como las promesas o compromisos contraídos con él.

Y por último,  el principio de justicia implica respetar a todo ser humano y procurar igualdad de oportunidades, es decir, evitar toda discriminación (sexo, edad, religión, raza, nacionalidad), y proporcionar distribución justa de los medios. Se conecta de forma muy clara con el principio de no maleficencia – no lesionar la condición social de las personas, y con el principio de beneficencia.
Existen varias teorías de la justicia. Una de ellas – igualitarista, pone el énfasis en el igual acceso a los bienes que toda persona racional desea, liberales – derechos de libertad social, económica – se centra en los criterios de maximización de la utilidad pública. Como decía Gandía "estas teorías  se mueven en un terreno bastante inseguro que puede reflejar cierta duda ya que son incompatibles entre sí y no están jerarquizadas, de modo que las políticas públicas pueden basarse en una u otra e incluso cambiar de teoría cuando lo consideren adecuado."
Debido a ello, se viene aceptando en relación con el principio de justicia la aplicación del denominado principio de diferenciación positiva, según el cual una decisión sería éticamente correcta cuando estableciera diferencias entre grupos a favor de aquellos que por distintas causas son considerados como especialmente desfavorecidos.
En la práctica psicológica el principio de la justicia puede tener distintos marcos, por ejemplo el marco de atención de salud, se centrará generalmente a lo que los filósofos denominan la justicia distributiva, es decir, la distribución equitativa de bienes escasos en una comunidad. Pero en todos modos el principio de la justicia, a fin de cuentas pretende dar a la persona lo necesario, merecido, deseado y lo que le corresponde moralmente.

Ejemplos de mala práctica profesional

Desde hace mucho tiempo intenté encontrar algunas estadísticas relacionadas con los errores en la práctica psicológica.  En la realidad no es la tarea fácil por varias razones. Normalmente cuando ocurre un error grave, los profesionales entre sí lo intentan camuflar y procuran mucho para qué estos no salgan a la luz diaria. Se puede decir que existe la tendencia natural de ocultamiento, debido al miedo de las sanciones o demandas. Por otro lado, de las informaciones encontradas no existen bases de datos que registran todos los errores profesionales en la práctica psicológica. Sinceramente dudo mucho, (aunque no he buscado) si existen algunas bases de datos que registran los errores médicos. Pero,  cabe añadir que el interés por errores éticos en las prácticas profesionales no es  nuevo. De las informaciones encantaradas, ya en la  antigua Babilonia (2 000 años a.n.e.) había gran interés por analizar los errores éticos en la práctica médica.
En fin, los errores sí o sí por desgracia tienen el lugar desde cuando existe el ser humano. Ahora gracias a distintos medios de comunicación, a la literatura, y a menuda la propia experiencia de los pacientes hace que sabemos mucho sobre las mismas.

Ya, en el momento cuando se creó el Conductismo conocemos el caso de mal uso de la práctica profesional. El experimento con pequeño Albert, dio paso hacia las terapias conductuales, pero no olvidemos que el miedo que éste niño aprendió nunca supo superar. En este ejemplo claramente ha "fallado" el principio de beneficencia y no mal eficiencia. Las terapias psicológicas tienen como objetivo ayudar, pero jamás hacer el daño. Las técnicas, estrategias utilizadas por los profesionales deben garantizar buen manejo de las herramientas y tácticas.

Una cosa parecida pasa con los pacientes  que aceden a la terapia psicoanalítica, en dónde, el terapeuta no posee suficiente preparación y conocimiento para hacer la hipnosis, paro la hace. En mucha literatura encontramos varios ejemplos al respeto. Aunque, principalmente la intención del terapeuta no es mala, investigar sobre los recuerdos de la niñez, porque es lo fundamental para este modelo de intervención psicológica, puede que generar más trastornos al paciente o provocar lo que no quiere recodar y con ello sentirse mal. Uno de los peligros graves de esta práctica son desajustes emocionales graves, destronamiento emocional, interpersonal, incluso existen datos que demuestran, que puede llegar hasta el suicidio del paciente.
Igualmente, que en ejemplo presentado anteriormente hablamos de abuso del principio de beneficencia y no mal eficiencia tanto a nivel personal como a nivel de toda sociedad, dado que este tipo de mala práctica, genera el miedo a la genta a irse a este tipo de terapia.


En estos dos casos se puede observar también mal uso de relación: paciente- terapeuta. Por desgracia, de malos usos se habla de forma frecuente….

Siguiente ejemplo que merece comentar está relacionado con las relaciones amorosas entre el terapeuta y el paciente. Este tipo de relación no debería tener lugar en la práctica profesional nunca. Crea por un lugar, la falta de objetividad y con ello la fresca visión hacia el problema del paciente, imposibilidad de ayudarle, falsas expectativas. Los pilares morales y éticos, construidos a largo de práctica se derrumben en un momento como la casa hecha de las cartas. Sufre el terapeuta y sufre el paciente. De nuevo, el principio de beneficencia, de no hacer mal se queda en "el aíre". La justicia, entendida en este caso como la responsabilidad a ayudar "a curar" la enfermedad no tienen nada que ver con la realidad.

Hablando de la justicia, recuerdo de otro ejemplo leído en uno de los artículos de psicología. Existen psicólogos, terapeutas que en su práctica eligen pacientes a su consulta. Se fijan, por ejemplo, en el estatus económico. Lo que pretenden,  es sacar más dinero de estas personas, y por ello dicen continuamente que tienen grandes problemas, y que la terapia va ser muy larga, que en realidad no es cierto. Por fin,  el terapeuta crea las dependencias que no tienen ningún beneficio para los pacientes. En contra en estos casos otra vez va beneficencia, no mal eficiencia, autonomía y justicia.
Los principios generales y con ello los artículos  del Código Deontológico quedan gravemente abusados. De hecho hay varios en este caso, que no se cumplen, por ejemplo:
-          Artículo 5º- que habla que el ejercicio del Psicólogo debe estar ordenado a una finalidad humana, que se expresa con el objetivo, por ejemplo, de bienestar.
-          Artículo 6º – que dice que la profesión del Psicólogo debe regirse por respeto a la persona, habla de sentido de responsabilidad, sinceridad con los pacientes, solidez de la fundamentación objetiva y científica de sus intervenciones profesionales.
-          Artículo 10º – se habla que el Psicólogo no puede hacer discriminaciones de personas
-          Artículo 11º- dice que está prohibido por el psicólogo sacar de su práctica profesional lucros o beneficios.
-          Artículo 26 º- el Psicóloga no puede prolongar ocultaciones y engaños en su intervención.






Como podemos ver con ejemplos presentados,  realmente no siempre la práctica profesional del psicólogo va de acuerdo con los principios generales que la rigen. Es la triste cara de esta vida. No todo es bueno, pero tampoco es todo malo. Las maldades en el mundo existían desde siempre….y van a existir.
Si queremos ser buenos psicólogos y profesionales tenemos que saber que el mal existe, pero tenemos que hacer todo posible para disminuir su tamaño. ¿Cómo hacerlo? Clieve Lewis, decía: "Ningún hombre conoce lo malo que es hasta que no ha tratado de esforzarse por ser bueno. Sólo podrás conocer la fuerza de un vientotratando de caminar contra él, no dejándote llevar "…yo diría lo mismo: NUNCA DEJATE LLEVAR.

Jaume Guinot - Psicoleg col·legiat 17674
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