La Psicología Diferencial

    La Psicología Diferencial da a conocer los rasgos distintos y distintivos entre el carácter femenino y el masculino. En el fondo, lo que la Ps.D. hace es deducir y extractar datos a partir de la estadística. Es ciencia elaborada de la mera observación del comportamiento humano con las deducciones científicas pertinentes.
    Entre ellas, cómo el carácter femenino propende al mito por ese sentimiento instintivo de "simpatía" hacia lo vital, lo humano, hacia el mundo, hacia el hombre, hacia la vida... algo que "parece" conducir a la creencia, quizá como huida secular ante el empuje de "lo masculino".
    El carácter masculino tiende hacia la palabra, el Logos, hacia la agresión del instinto, hacia el dominio, el distanciamiento de la naturaleza y al alejamiento del hombre.
    No son, ni importa que lo sean, "interpretaciones" pues su validez está demostrada. Importa más la instauración de sistemas sociales fundados en el equilibrio entre ambas "formas de ser", donde el "sentimiento de vida" guarde equilibrio con el "sentimiento de crecimiento de esa vida".
    No hay intención alguna de infravalor un género u otro. Siempre hemos abogado aquí por "la persona". Ni masculino ni femenino: la persona, el hombre...
    Un mínimo rigor intelectual no permite que se asimile ese "sentimiento por lo vital, lo natural y lo inconsciente" –algo que se asocia siempre con "lo femenino"-- a "desorganización, oscuridad e inercia"; ni fuerza, razón y conciencia –que sería propio de "lo masculino"-- con unidad, luz, lógica y progreso.
    El dualismo separador es lo que conduce, y de hecho ha conducido, al caos. El espíritu que tiende a lo numinoso, impregnado de racionalidad, lleva a la esperanza generadora de progreso humano; y viceversa, cuando el pensamiento discursivo, racional, matemático, se viste de sentimiento vitalista, es cuando surge la armonía, la serenidad vital, la cercanía... es decir, la sociedad.
    El elemento femenino crea sociedad; el masculino las normas para que funcione. El mundo ha sido masculino desde que existe memoria histórica, pero en el funcionamiento de la sociedad, deben regir con igual potestad los principios femeninos. La mujer, con su capacidad de intuir, su visión certera de "lo importante", su propensión a salvaguardar, no debe en el acto de regir la sociedad ser espejo de los criterios masculinos. Desde el momento en que la mujer accede "también" a regir el destino de la sociedad, el mundo se convierte en "personal": no hay hombre ni mujer, hay personas, por más que los energúmenos de la ignorancia rujan en contra. Pregúntese la Iglesia católica por el motivo de que no exista una jerarquía femenina... No, no pregunten, porque da lo mismo en una sociedad prescinde de criterios racionales, psicológicos e incluso históricos.
    3. Y LOS DIOSES REFLEJAN AL HOMBRE.- Dejando aparte otras fuentes como origen de la creencia, los dioses en los que se cree siempre son reflejo del hombre, reflejo de las dos sinergias –fuerzas convergentes-- que emanan y actúan sobre el hombre: el amor y el deseo de poder. Amor como elemento femenino de la vida; ansia de poder como elemento masculino. Dios, y esa es quizá una de las causas de su fuerza cautivadora sobre la mente humana, concita en sí ambos principios.
    fuente: periodistadigital

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