Los 7 hábitos de la gente ineficiente

¿Conocéis "Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva"? Es un libro muy recomendable sobre organización personal que difuminaba las barreras entre la bibliografía sobre gestión empresarial y la de autoayuda. El autor, Stephen R. Covey, un mormón con MBA en Harvard que daba clases en una universidad de Utah, estudió durante años a los directivos que encontraba realmente eficientes. Tras el éxito de su libro, montó una consultora que asesora a nueve de cada diez empresas que aparecen en la lista Fortune de las cien más grandes de EE.UU.
Nosotros hemos querido darle la vuelta a sus investigaciones y descubrir exactamente todo lo contrario: los hábitos de la gente altamente ineficiente. No nos ha hecho falta hacer una investigación científica, sino simplemente mirar a nuestro alrededor con humor. Quizá te sientas identificado en alguno de ellos. No pasa nada. Identificarlos es el primer paso para romper estos hábitos. Lo importante es que no los tengas todos. Y, si los tienes, plantéate escribir un libro. A Covey le ha ido muy bien así que...
Desperdicia tu tiempo (y el de los demás). El tiempo, como decía un conocido anuncio de relojes, es lo que haces con él. No puedes guardarlo para después. No puedes pararlo. No puedes encontrarlo una vez que lo has perdido. Sin embargo, entonces, ¿por qué tienes que hacer algo con él? ¿No es ya oro? Observa cómo pasa. Su brillo. Y no lo malgastes trabajando. Ni haciendo ningún esfuerzo. ¿Para qué?
Rebaja a los demás para subir tú. Si eres incapaz de destacar por tus cualidades, ataca las de los demás: rebaja sus méritos, ponles zancadillas, písales. Así podrás sacar la cabeza de entre la marea de gente que, incompetente como tú, no es capaz de disimular su ineptitud y no es capaz de reafirmar su inexistente valía pisando fuerte, eso sí, sobre sus compañeros.
Todo, en negativo. ¿No ves la paja en el ojo ajeno? ¿No percibes la nota amarga en el chocolate? ¿No piensas que el vaso está medio vacío? ¿Que en cada oportunidad hay un problema? ¿Y que si los demás no son parte de este, no hay más sitio donde buscar la solución? La gente se esfuerza en ver el lado positivo. Pero si hace falta esforzarse, no nos interesa.  La gente hace cosas. Alguien tiene que ponerles freno.
Dispara y, luego, pregunta. O actúa y, luego, piensa. La inactividad no es lo único que caracteriza a alguien ineficiente, también la actividad improductiva. Para esta, normalmente, hay que hacer antes de planificar. Un dicho griego dice que "si no tienes cabeza, necesitarás pies". Si tienes que ir y venir tres veces para algo que podrías hacer de una vez, ¿por qué vas a privar a tus pies de dos inútiles paseos? Tienes todo el tiempo del mundo...
"Piensa mal y acertarás". Sé malpensado. Es el primer paso para pensar mal. No solo hay que ver las acciones ajenas, sino también sus intenciones. Y, sobre todo, las malas. Saber ver las motivaciones ocultas de los demás es un don de quienes piensan que eso de "no juzguéis y no seréis juzgados" es para los que tienen miedo a que les juzguen. Si no eres capaz de ver lo retorcida que puede llegar a ser la gente, quizá no seas lo suficientemente retorcido. Y, así, nunca serás suficientemente ineficiente.
Defendella, no enmendalla. No reconozcas tus errores porque no los has cometido. Alguien habrá tenido la culpa, pero ¿tú? No. Si encima haces poco, hay que defenderlo con uñas y dientes. Como aquel conde de "Las mocedades del Cid" para quien "esta opinión es honrada: / procure siempre acertarla / el honrado y principal; / pero si la acierta mal, / defendella, y no enmendalla". Salvo el segundo verso, con todo estamos de acuerdo.
Si no sabes hacer tu trabajo, tienes dos opciones: o aprender, o buscarle un sustitutivo. Aprender es la opción fácil. ¿No has conocido gente que se pasa sus horas de trabajo navegando por Internet, arreglando relojes de pared o haciendo cualquier cosa que no tiene nada que ver con sus verdaderas funciones laborales? ¿No los admiras? Cobran por un trabajo que no hacen y disfrutan con un hobby , la mayoría de veces improductivo, al mismo tiempo. Si sumas sus horas de jornada laboral y las dedicadas a su entretenimiento, tendrás más de veinticuatro horas al día. Hacen el milagro de multiplicar el tiempo. De forma completamente improductiva, por supuesto. Pero, ¿no es maravilloso?
Los hábitos hacen al monje. No tanto los que viste como los que practica. Para ser deportista hay que hacer deporte. Para ser trabajador hay que trabajar. Y para acabar siendo ineficiente, hay que practicar estos siete hábitos. Es como un trozo de plastilina: que para conseguir que tome forma redonda hay que hacerla rodar. Y funciona en los dos sentidos: puedes hacerte eficiente o ineficiente practicando los hábitos que te llevarán a ser una cosa u otra. Si piensas que no depende de ti ser como eres, estás incurriendo en el peor hábito: el de no hacer los esfuerzos necesarios para cambiar lo que haya que cambiar.
 
Luis García VIA Aprendelo.com
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