Venciendo la tartamudez

El lenguaje es una facultad humana universal; puede ser pictográfico, escrito, mímico. Sin embargo, entre ellos el habla tiene una relevancia especial. Las ideas cobran forma gracias a las palabras dichas. La fluidez propia del lenguaje hablado tiene su máximo desarrollo entre los 2 y los 5 años. A partir de este momento hay que estar atentos porque pueden comenzar a detectarse problemas en la dicción.

Dislalia y disfluencia

La dislalia, el más común de los trastornos, es la dificultad para pronunciar algún fonema, es decir, los sonidos de las letras. "El origen de las alteraciones en el habla puede tener diversas causas. Aprendemos a hablar porque escuchamos. Si la audición está comprometida, es posible que el niño repita lo que escucha, lo cual puede ser deficiente o insuficiente según su pérdida de decibeles -explica Nora Yelen, foniatra, psicóloga y cantante profesional-. Tener alguno de los padres con dificultad en la pronunciación también puede ser causa de dislalia". Por otro lado, la incoordinación de los músculos que participan en la articulación de los sonidos (como los labios y la lengua) o deformaciones de las estructuras óseas o musculares (como la dentición, el frenillo corto y la mandíbula) pueden ocasionar problemas al pronunciar sonidos como /r/, /l/ y /n/.

Otro de los trastornos es la disfluencia, más conocido como tartamudez. "Así como las dislalias son errores en la articulación de los sonidos, como por ejemplo el rotacismo que es la dificultad de articular el sonido /r/ y el sigmatismo o seseo que refiere a la distorsión del sonido /s/ remplazado por el sonido /z/, la tartamudez es un trastorno en la fluidez. La fluidez es la función del habla que nos permite pasar de un sonido a otro de forma continua, cómoda y fácil", explica María Mercedes Caprino, fonoaudióloga del Hospital Pirovano.

Varias disciplinas

Es importante un trabajo interdisciplinario que incluya especialistas de diferentes disciplinas. La psicóloga María Inés Ruiz comenta que es frecuente que concurran a terapia personas con dificultad en el habla. "Los adultos solicitan análisis por estos problemas, más aún en casos de tartamudez. En los niños son los padres los que realizan la consulta." Ruiz opina que es necesario el esfuerzo conjunto de fonoaudiólogos, psicopedagogos y neurólogos para brindar una ayuda integral a las personas afectadas en su habla.

Caprino recomienda iniciar una evaluación a partir de los 3 y 4 años, "ya que al comienzo de la primaria el niño debería tener todos los sonidos incorporados para el aprendizaje de la lectoescritura. Además se debe considerar el nivel de trastorno de su habla y si se encuentra asociado a otras patologías, como discapacidad mental, trastornos del lenguaje, auditivos, motrices, etc. Sin embargo, hay que tener en cuenta que ciertos errores en la fluidez del habla se consideran normales si el pequeño se encuentra todavía en la etapa de adquisición del lenguaje".

Por su parte, Yelen entiende que un tratamiento foniátrico y psicológico complementario "se considera en la medida que los trastornos del habla produzcan problemas de integración social. Por ejemplo, no querer acudir al jardín o evitar hablar con compañeros, dificultad para expresarse, conducta antisocial frente a las burlas de los compañeros". Es importante que se le ofrezca al niño un espacio para abordar sus temores e inseguridades. De esta manera "descomprime la angustia que atraviesa como consecuencia de su problema para comunicarse, lo cual favorece la distensión. Así se podrá comenzar una reeducación foniátrica".

En adultos

"El tratamiento en adultos lleva más tiempo, ya que el trastorno está más arraigado. Hay que trabajar mucho con el factor motivacional para que tome conciencia de que ha sido prisionero de esta situación", asegura Ruiz. Yelen comenta que la mayoría de los fonoaudiólogos no atienden adultos, porque "se considera que si no solucionaron la dislalia en la infancia, de grandes será una tarea imposible". Sin embargo, remarca que en su experiencia los logros con adultos son muchos: "El adulto se compromete con la tarea. El tratamiento consiste en darle la información de cómo se producen los sonidos de las letras en forma correcta, momento en que queda perplejo al descubrir que nunca se cuestionó que la musculatura lingual se moviliza específicamente para que se genere el sonido deseado".

Consejos de la A.A.T para ayudar al niño disfluente

Uno de los objetivos de la Asociación Argentina de Tartamudez (A.A.T.) es que los familiares, docentes y adultos que se relacionan con niños disfluentes se informen acerca de cómo tratarlos y facilitar la comunicación con ellos. Algunos de sus consejos:

- Saber escuchar al niño disfluente sin apurarlo, interrumpirlo o terminar su frase.

- Formularle preguntas de a una por vez y sólo las necesarias.

- Hablarle con frases cortas y con un lenguaje fácil y adecuado para su edad.

- Comunicarse con él no sólo verbalmente: mirarlo, aceptarle juegos no verbales.

- Demostrar interés en lo que dice y no en cómo lo dice.

- Estimularlo para que participe en discusiones y tareas grupales. 

fuente: clarin.com

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