El divorcio: una oportunidad para empezar de nuevo

Cualquier tipo de ruptura sentimental suele ser difícil y dolorosa, pero quizá la ruptura de un matrimonio y el consecuente divorcio, conllevan una serie de complicaciones que los convierten en eventos especialmente significativos en la vida de las personas que los padecen. El divorcio suele ser un proceso largo, que no incluye sólo aspectos legales, también supone cambios económicos (como depender de un solo sueldo para hacer frente a los gastos familiares, las cuotas del abogado, el posible desalojo de tu vivienda…), sociales (como el distanciamiento de algunos amigos o la pérdida de las relaciones con la familia política) y por supuesto, emocionales (por ejemplo, la tristeza por tener que separarte de tus hijos).

Normalmente un proceso de divorcio no termina cuando se firman los papeles, verdaderamente la separación culmina cuando la persona se siente satisfecha con su presente y es capaz de mirar al futuro con confianza y optimismo. Hasta que llega este momento, suele ser habitual pasar por diferentes fases. La primera, suele ser el estado de "shock", que ocurre principalmente cuando uno de los miembros de la pareja no se espera que el otro le plantee el divorcio. La segunda suele ser la negación, intentar negar la realidad o quitarle importancia, esperando o creyendo que nuestra pareja cambiará de opinión en algún momento. La tercera etapa se caracteriza por el "caos emocional". Cuando se comienza a aceptar que la ruptura del matrimonio es inevitable aparecen muchas emociones diferentes e intensas, que pueden llegar a ser contradictorias (ej. alivio por no tener peleas diarias y nostalgia por los buenos momentos vividos). Esta etapa suele ser complicada y comporta bastante sufrimiento. Es normal tener que hacer frente a emociones como la ira contra nuestra pareja y contra nosotros mismos, la tristeza por todo lo perdido, el miedo a la soledad y al futuro incierto, la culpa por los errores cometidos y por el dolor de los hijos (si los hay), la decepción o incluso la vergüenza por el fracaso del matrimonio. Cuando conseguimos estabilizar y controlar todas estas emociones, pasamos por la fase de aceptación, es decir, admitimos y "comprendemos" lo que ha sucedido y nuestra vida comienza a estructurarse de nuevo. Pasada esta fase, podemos afirmar que estamos en proceso de recuperación.
Evidentemente, este proceso requiere su tiempo, puede durar desde días hasta años, pero eso depende de cada persona y de sus circunstancias. No nos podemos comparar con los demás, ni forzarnos a sentir o a estar de una forma determinada sólo porque es lo que "suele pasar", cada persona tiene su propio ritmo y debemos respetarlo.
En bastantes ocasiones, lo que hace más duro la ruptura del matrimonio es el sufrimiento de los hijos, que muchas veces se ven envueltos en el proceso de tormenta emocional vivida durante el divorcio de sus padres. Por eso la pregunta que os hago es ¿qué creéis que sienten los hijos durante este proceso?
extraido de paraemocionarse.com

Jaume Guinot - Psicoleg col·legiat 17674
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