¿Escuchamos realmente a los demás?

extraido de Herminia Gomà 

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Escuchar no es fácil. Cuesta un esfuerzo. En este artículo me gustaría explorar con todos vosotros un aspecto particular de la escucha. Aquellas ocasiones en que la dificultad proviene de nuestras propias creencias y expectativas preconcebidas. La construcción que hemos hecho de la persona que nos está hablando influye en gran medida en la calidad de nuestra escucha.
Desde que nacemos vamos construyendo vínculos y relaciones con los demás. A la vez que generamos ciertas expectativas. En cada interacción almacenamos recuerdos que van a ir configurando la imagen que tenemos de nosotros mismos, de los demás y de la relación que entre nosotros hemos creado. Según la teoría psicológica de las relaciones de objeto, esta imagen interna que tenemos de nosotros mismos y de los demás afectará a nuestra escucha. Esta teoría, al hablar de "objeto" hace referencia no a la persona que tenemos delante sino a la "imagen mental" que hemos construido del otro como objeto de nuestras acciones. Es decir, cuando me relaciono con alguien no solo me relaciono con la persona sino con la imagen interna que he hecho de esa persona, de mí con esa persona y de nuestra interacción.
En el fondo el mensaje de las relaciones de objeto es que cuando hoy te estoy escuchando, mi escucha se fundamenta en las expectativas que he generado a partir de nuestras experiencias anteriores. No es tarea fácil deshacernos de los "prejuicios" que hemos ido construyendo.
Tenemos la sensación de estar escuchando a la persona que tenemos "delante", pero filtramos lo que nos está diciendo en función de lo que esperamos de esa persona, de cómo nos fue la última vez que nos relacionamos, etc… Si la última vez que hablamos sentí comodidad, si creo que simpatizamos y tenemos puntos en común, mi escucha será más confiada. Si en nuestros anteriores encuentros me asusté, me sentí amenazado o debilitado, me cerraré y no podré escucharte.
Cuando hemos construido una imagen interna determinada sobre alguien, a pesar de que esa persona haya evolucionado y cambiado, puede que la estemos escuchando, no como la persona que es actualmente sino cómo la persona que recordamos de experiencias pasadas. Por ese motivo, cuando nosotros crecemos y cambiamos positivamente, los demás tardan mucho en ver estos cambios, ya que la imagen que tienen de nosotros aún no ha cambiado y no pueden escuchar a la persona que somos ahora.
Hace un par de semanas una conocida, a la que llamaré Susana, me comentaba una situación que había vivido recientemente. Resulta que su jefe le pidió un cambio que implicaba no tener en cuenta su dedicación, su trabajo y su aportación.  Después de meditarlo seriamente y haberse relajado, pidió a su jefe una reunión para hablar de la situación. Quedaron a media tarde y Susana se presentó en su despacho. Cuál no sería su sorpresa cuando  le comentaron que se había tenido que ir a una reunión urgente y que la llamaría para una nueva cita. Después de tres semanas por fin se encontraron. De manera tranquila, Susana le expuso que este cambio comportaba un perjuicio para sus clientes. En lugar de escuchar, su jefe, que ya había tomado la decisión se puso a la defensiva y le comentó con ironía si los clientes eran "suyos". Susana salió de la reunión dolida y decepcionada. Cuando llegó a casa quiso explicarle a su marido lo que había pasado. Mientras lo hacía su pareja la interrumpió: ¿qué dijiste para que tu jefe se pusiera de esa manera? Susana se quedó paralizada, en lugar de recibir apoyo, su pareja la estaba culpando a ella del resultado de la reunión. Susana me comentó que en muchas ocasiones siente que su pareja no sabe escucharla.
Unos días más tarde me encontré con la pareja de Susana. Me comentaba que a veces tiene problemas a la hora de comunicarse con ella. Susana siempre quiere hablar de ella misma pero parece que no esté interesada por los temas que a él le preocupan. Pero lo que más le molesta es que siempre se está quejando. Siempre tiene encontronazos con la gente, la culpa siempre la tienen los demás. Yo siempre la escuchaba, es mi esposa, pero ha llegado un momento que me resulta muy difícil escucharla.
A veces es difícil escuchar a personas cuando nos hemos construido una imagen determinada de ellas. Escuchar a personas que están a la defensiva o que se victimizan continuamente, requiere dosis de madurez, de equilibrio y de serenidad muy grandes. ¿Podemos ir más allá de la imagen que tenemos de las personas y escuchar su dolor, su preocupación, sus miedos, sus necesidades? ¿Podemos ofrecer una escucha auténtica? ¿Una escucha desde el presente sin acumulaciones del pasado?
En mi práctica profesional escucho a menudo la "queja" de los abuelos porque sus hijos no les escuchan. Cuando los abuelos dan consejos, los padres jóvenes sienten que se están  entrometiendo en el cuidado de sus hijos. Por las propias inseguridades que les genera su rol de padres, están a la defensiva cuando los abuelos les sugieren o les indican lo que deberían hacer. Los abuelos no son escuchados, no por ser mayores sino porque los hijos interpretan o sienten que si escucharan y se dejaran influir, su rol y autoridad se podrían ver amenazados. Si los abuelos pudiesen comprender las inseguridades de los jóvenes padres y las tuvieran en cuenta serían escuchados. ¡Cuántas veces tratamos a los demás como personas más fuertes y seguras de lo que realmente son y lo que conseguimos es que se sientan amenazados y se cierren a la escucha! ¡Cuántas veces dejamos de escuchar porque interpretamos cómo una amenaza a nuestra identidad los consejos o advertencias de otras personas!
¿Cómo escuchas cuando te señalan un error? Algunas personas son muy sensibles ante la posibilidad de equivocarse, de cometer un error. Por ese motivo pueden reaccionar atacando o inhibiéndose. Es, en sus relaciones familiares, donde podemos encontrar el núcleo de esta reactividad. Todos los bebés necesitan atención. ¿Cómo recibías atención cuando eras pequeño? ¿Recibías atención si te portabas bien, si eras bueno, si te enfadabas, si gritabas, si te callabas? Piénsalo detenidamente y busca qué relación existe entre tu reactividad actual cuando te señalan un error y la manera en que recibías atención cuando eras pequeño.
Podemos presuponer que el otro es más fuerte o débil de lo que realmente es, está preocupado o no, tiene opiniones acertadas o no, tiene ciertas necesidades o va "sobrado", etc… Desgraciadamente poseemos más "imágenes internas de los demás" de lo que creemos y esto nos impide poderlos legitimar y escuchar verdaderamente. Si yo presupongo que tú eres muy fuerte y no contemplo tu vulnerabilidad puedo dejar de escuchar tu miedo y exigir algo que no puedes ofrecer desde tus inseguridades. Por el contrario puedo presuponer que eres débil y no escuchar tu fortaleza y tratarte de tal manera que te sientas humillado.
En algunas ocasiones nuestras imágenes internas tienen que ver con prejuicios culturales y sociales relacionados con factores externos, que pueden influir sin que seamos conscientes de ellos: la forma en que viste el interlocutor, su sexo, su profesión, su rol, su nivel económico o cultural, su nacionalidad, etc. Todos creemos que no tenemos prejuicios. No siempre es cierto. En el fondo no identificamos al otro desde quien realmente es, lo hacemos partiendo de la imagen que hemos construido de "como son las personas que visten, hacen, son…"
Otra de las "imágenes internas" que nos dificultan escuchar es  cuando hemos generado la expectativa de que escuchar a esa persona nos cuesta mucho esfuerzo y ya ni empezaremos a escuchar. Podemos prestar atención pero realmente no estaremos escuchando. Hay personas que hablan dando rodeos, que saltan de un tema a otro, que son oscuras en su forma de hablar, que no concretan, que sacan temas poco pertinentes, etc. En un principio intentamos comprender y seguir escuchando pero puede llegar el momento en que hemos de invertir tanta atención y energía que no lo podemos mantener en el tiempo. Dejamos de escuchar. Nuestra impaciencia puede jugarnos una mala pasada. En el fondo esperamos que el otro llegue a un sitio que conozcamos o vaya por un camino que nos parece el correcto, hemos construido una imagen de "cómo ha de ser una conversación productiva". Realmente es difícil escuchar conectados con el miedo que subyace a la impaciencia. Anticipamos nuestra impaciencia y nos quedamos pegados a ella lo que nos impide escuchar genuinamente al otro. Escucharlo desde las personas confiadas, empáticas y confiadas que somos es un logro que podemos conseguir si trabajamos en nuestro autoconocimiento y escuchamos desde la generosidad, la equidad y el amor.
¿Desde dónde estás escuchado a tu pareja? ¿Qué imagen has construido que te impide escucharla realmente?
¿Desde dónde estás escuchado a tus hijos? ¿Qué imagen has construido de ellos que te impide escucharlos realmente?
¿Desde dónde estás escuchado a tus colaboradores? ¿Qué imagen has construido que te impide escucharlos realmente?
Y para finalizar, ¿desde dónde te estás escuchado a ti mismo? ¿Qué imagen has construido que te impide escucharte realmente?
Hermínia Gomà

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