¿Qué convierte una conversación en una discusión?

de Herminia Gomà 

¿Qué convierte una conversación en una discusión?

"Para salir de un problema hay que atravesarlo"
Robert Frost
Viernes noche, empieza el fin de semana, salimos a cenar con los amigos. Algo relajado y tranquilo. Naturalmente acabamos hablando de política. Lo que al principio era una charla intrascendente acaba en discusión y enfrentamiento. ¿Alguna vez te ha pasado que empiezas una conversación tranquilamente y acabáis discutiendo o peleando? Nos puede pasar conversando con los hijos, con la pareja, con los socios, colaboradores o conocidos. El resultado final es que nos enfadamos y distanciamos. ¿Vale la pena? Discutir es enriquecedor si se traduce en un intercambio de opiniones que incrementan nuestros puntos de vista. Discutir puede ser muy empobrecedor si acabamos ofendiendo o agrediendo a los demás.
En este artículo me gustaría invitaros a reflexionar sobre aquellos motivos que nos llevan a discutir. También qué actitudes y capacidades podemos seguir trabajando para que nuestras conversaciones sean fluidas y nos sirvan para establecer mejores relaciones con los demás. Al final del artículo encontraréis un videotremendamente inspirador. Vuestros comentarios y aportaciones serán muy apreciados por todos los lectores de este blog. ¡Gracias por compartir vuestros conocimientos y experiencias!
El motivo fundamental por el que acabamos discutiendo es por nuestra reactividad. Reaccionamos desde nuestras emociones a lo que el otro dice, hace o siente. ¿Está justificado? ¿Es natural? ¿Nos hemos de sentir culpables?
Muchas parejas dejan de hablar de temas importantes para ellos o para la familia, no por tener opiniones distintas, sino por miedo al dolor, a la reactividad que se produce cada vez que han sacado "el tema" en sus conversaciones, que lamentablemente terminan en discusión. El resultado final ha sido frustración, desilusión y distanciamiento. El miedo a las consecuencias emocionales les hace evitar hablar del "tema". Esta estrategia que parece que los protege, asimismo les aísla. Además, evitar conversar sobre estos temas controvertidos va generando un poso de resentimiento, desengaño y malestar que predispone al recelo y la desconfianza condicionando futuras conversaciones.
A la mayoría de nosotros nos afecta nuestra reactividad, nuestra falta de control. Nos sentimos mal por no saberlo hacer mejor. Nos proponemos no ser reactivos y al final perdemos los estribos, incluso gritamos. Nuestra   autoestima queda por los suelos. Nos sentimos unos incompetentes, faltos de estrategias para poder llegar al otro, para saber resolver problemas o aspectos importantes de nuestras relaciones. ¿Qué pasa cuando sabemos que somos incompetentes? Que nos sentimos inseguros y asustados y dejamos de creer en nosotros y dudamos de nuestra capacidad para conversar como querríamos: como personas serenas y maduras. Lo peor es que no es la primera vez que nos pasa. La última vez que lo hicimos, nos prometimos a nosotros mismos que no nos volvería a pasar, que nos dominaríamos. Otra vez nos "fallamos a nosotros mismo". Y nos cuestionamos si algún día llegaremos a aprender a conversar sin que las emociones tomen el control de la situación.
Reaccionamos cuando permitimos que las emociones tomen el timón y dirijan nuestras acciones. Y nos justificamos diciendo: "soy pasional", "es que no me puedo controlar", "es que me provocan", "en mi familia todos lo hacemos", "no puedo tolerarlo", "que se ha creído esa persona"… Nos comportamos como caballos desbocados. Y como ellos, reaccionamos, a veces, de manera visceral y desproporcionada. En ese momento,el miedo, la rabia, el dolor, la impotencia o la frustración nos ciegan. Es como si un "alien" brotara de nuestro interior. No nos reconocemos a nosotros mismos. Al dar ese poder al "alien" que llevamos dentro, dejamos de conversar para empezar a discutir.
¿Qué nos lleva a ser reactivos? Uno de los factores es la interpretación que hacemos de lo que el otro siente, dice o hace. Lo vivimos como "algo personal". Sin darnos cuenta de que el otro solamente está haciéndolo lo mejor que sabe, con los conocimientos que posee y las emociones con las que está conectado en ese momento. Lo más frecuente es que lo interpretemos como un atentado a nuestra persona.
No es fácil comprender y aceptar que si mi socio grita en una negociación, no es porque me quiera gritar a mí.Grita porque tiene miedo. Grita porque se siente incomprendido. Grita porque no se siente validado. Grita porque piensa que no me importan sus necesidades y sentimientos. No puede darse cuenta de que las emociones lo embargan. Al no poder identificar dichas emociones no puede regularlas. En lugar de ser él quien dirija la conversación a buen puerto, son las emociones las que gobiernan la conversación. Si nos contagiamos con su reactividad le estamos dando el poder a su "incompetencia para regular sus propias emociones", no le estamos dando el poder a él como persona. ¿Lo has pensado alguna vez? Cuando alguien grita, es porque tiene miedo de algo. Cuándo tú gritas ¿De qué tienes miedo? ¿De que no te estén comprendiendo? ¿De qué no te escuchen? ¿De qué no te tengan en cuenta? Pues al otro le pasa lo mismo. Cuando grita, es porque quiere "hacerse oír". ¿Qué pasaría si en lugar de contraatacar, te pararas y te plantearas de qué tiene miedo la otra persona? ¿Qué pasaría si cuando estás gritando te pudieras parar para comprender de donde nace el dolor que sientes?
Sabemos que el miedo no es bueno para mantener una conversación. El miedo es un virus muy contagioso que sin ser concientes de ello nos conecta con nuestros propios miedos, lo que nos lleva a reacciones defensivas o agresivas. Cuando buscamos protegernos alzamos un muro que nos impide ver realmente al otro. Al protegernos del miedo, perdemos de vista al ser humano que tenemos delante, y esta persona tampoco nos puede ver a nosotros, nuestra esencia. Y cada vez el muro es más alto y el foso más ancho.
La reactividad es como una llamada entrante del móvil que invade la conversación entre dos personas. Ni es buena ni mala, tan solo inoportuna. Podemos elegir atender la llamada inmediatamente (reacción inconsciente desde el miedo), interrumpiendo la conversación o podemos elegir continuar la conversación y atender más tarde la llamada (responder conscientemente desde la confianza) priorizando a la persona que tenemos delante y la relación que estamos construyendo.
Para mí, algo que me ayuda cuando voy a reaccionar es colocarme en el rol de "eterna aprendiz". Me pregunto ¿Qué estoy sintiendo que me impulsa a reaccionar? ¿A qué voy a reaccionar? Me paro un momento. Si estoy reaccionando o estoy a punto de reaccionar es que hay algo que aún no he aprendido. ¿Qué necesito aprender? ¿Qué puedo cambiar? Tengo la sensación y la seguridad, al menos en mi caso, de que hay áreas internas que todavía no he indagado, que todavía desconozco. Aspectos de mí misma a los que todavía no he prestado atención, que no he cuidado o no he ayudado.  Rincones oscuros e inútiles, partes temerosas y aisladas de las demás que, al ser desconocidas, me hacen vulnerable a la reactividad.
La reactividad también está relacionada con nuestros juicios internos sobre nosotros mismos. Recuerdo el caso de un cliente, Luis, que solía atacar a su socio y en cambio no sabía aceptar una crítica constructiva. El cambio paradigma se dio cuando finalmente pudo aceptar que en algún rincón de su "alma" él se sentía insuficiente e incompetente. En su fuero interno había una "voz" que le gritaba pero que no quería oír. Cuando veía la incompetencia e insuficiencia en su socio, necesitaba acallar la voz que le conectaba con esa parte suya que no podía soportar. No podía soportar que desde que era pequeño, sobre todo para su padre, nunca había sido "lo suficiente". Cuando atacaba a su socio se atacaba a sí mismo. Cuando su socio le comentaba un error, escuchaba la voz de su padre. No podía perdonarse no haber sido suficiente. Par no oír esa voz, gritaba y atacaba a su socio. ¡Cuántas veces gritamos a otra persona porque no podemos escuchar nuestras voces internas!
Te invito a reflexionar en tú próxima discusión qué voces internas estás intentando no oír. Recuerda la última discusión. ¿Qué intentabas acallar? ¿Qué voz interna no querías volver a escuchar?
Otro de los factores que puede transformar una conversación en una discusión está relacionado con las expectativas que tenemos de los demás. No podemos tolerar que sean como son y hagan lo que hacen. Sobre todo en aquellas personas que nos importan y a las que queremos. Aquello que no podemos tolerar, aceptar, no lo escuchamos. Nos genera demasiada ansiedad o angustia. Hay ocasiones en que escuchar los problemas de los demás implica conectar con nuestro rol salvador, con nuestra necesidad de aconsejarles e intervenir. Con lo que la conversación se convierte en una discusión. La otra persona no se siente aceptada ni comprendida. La necesidad de rescatar al otro, de sacarlo de su error, de decirle lo que le conviene, corta el diálogo y conduce al enfrentamiento.
¿Te ha pasado alguna vez que tienes muy claro lo que a tu hijo le conviene y la conversación acaba en discusión? ¿Es habitual que tu pareja te diga que no necesita que la salves, sólo que la escuches?
Demasiadas veces nuestros hijos, pareja o colaboradores se confían, esperando comprensión, ser escuchados y sin embargo traicionamos esa confianza. ¿Cómo? Se nos hace intolerable la ansiedad que nos genera que se equivoquen, que sufran, que no les vaya bien en el futuro… La necesidad de rebajar nuestra ansiedad es superior a la necesidad de escucha, aceptación y apoyo que pueda necesitar el otro. Pretendemos que sea el otro el que rápidamente cambie, haciendo lo que consideramos correcto y así nosotros podremos volver a estar tranquilos. Lo que realmente nos ayudaría a todos es que nosotros pudiéramos aceptar nuestra ansiedad, aprendiéramos a regularla y confiáramos en el otro. De esta manera las conversaciones no acabarían en discusiones que nos distancian y generan frustración y resentimiento, decepción y tristeza.
A lo largo de mi experiencia profesional y personal he podido observar que cuando entramos en un bucle ascendente de reactividad lo más importante es demostrar "que tenemos razón". Es fundamental ganar y demostrar que estamos en posesión de la "verdad". En ese bucle reactivo, la ansiedad que se genera es contagiosa y creemos que si decimos la última palabra habremos "ganado". Hay personas que meses e incluso años después de una discusión llegan un día y te dicen, mostrándote algún documento o información: "¡Ves como tenía razón!". Realmente para esa persona era importante, más importante que el propio tema a discutir, poder reparar su credibilidad, limpiar su imagen, su prestigio y demostrar que realmente estaba defendiendo "la verdad".
Para algunas personas es fundamental ganar: "convencer" al otro de que está equivocado y que él tiene la respuesta o solución. En reuniones con directivos, a veces he oído este comentario: "he de convencerles… ". Siempre les hago la misma reflexión cuando oigo esta expresión: "Convencer significa encontrar la manera de vencer al otro". ¿Cómo crees que se sentirá el otro cuando le hayas "convencido"? ¿Cómo te sientes tú cuando te vencen?
A veces iniciamos una conversación y sin entender muy bien qué ha pasado  nos encontramos en plena discusión. Sin ser concientes de que estamos enfadados (la mayoría de las veces con nosotros mismos), buscamos a alguien o cualquier excusa para discutir. Puede que no sepamos canalizar nuestras frustraciones de manera correcta y utilicemos a ciertas personas de "sparrings". Ésta persona no comprende a qué viene esa "pelea". Sin darnos cuenta vamos buscando motivos para generar una discusión y al final los encuentramos. Es muy doloroso cuando por fin nos hemos desahogado, darnos cuenta de que hemos utilizado al otro para regular nuestras emociones. A veces, lastimosamente, la relación no se vuelve a reconstruir jamás. ¿Te ha pasado alguna vez? ¿Qué has aprendido?
Para resumir, entre los motivos que nos inducen a acabar nuestras conversaciones en discusiones hallaremos:
  • Reactividad. Miedo y ansiedad que no sabemos detectar.
  • Justificar nuestra reactividad.
  • Interpretar lo que dice el otro como "algo personal".
  • Incapacidad para detectar nuestras emociones y regularlas.
  • Baja autoestima, inseguridad. Actitudes defensivas y agresivas.
  •  "Voces" de nosotros mismos que no queremos oír. Juzgarnos a nosotros mismos y no aceptarnos.
  • No saber escuchar de manera empática.
  • Necesidad de autoafirmación, de demostrar que tenemos la razón, qué somos válidos, de convencer a otro de "nuestra verdad".
  • Desahogar nuestras frustraciones y ansiedad
  • Utilizar a otros como "sparrings"
  • Creencias y expectativas poco realistas
  • Priorizar los temas a las personas o relaciones
  • Partir de una actitud "yo gano – tú pierdes"
  • Estar cerrados a nuevas maneras de ver las situaciones.
Hace unos días, estaba en una reunión y una de las personas, a la que llamaré Adela, nos estaba exponiendo un tema. Empezaron a hacerle preguntas para conocer más sobre el tema, pero las preguntas de uno de ellos iban dirigidas a poner en evidencia a Adela y demostrar que estaba equivocada y que él, si conocía ese tema. Adela estaba tranquila, no se colocó a la defensiva, de manera muy inteligente se interesó por lo que esta persona podía aportar y reconoció el valor de sus conocimientos. Al no estar a la defensiva, ni querer demostrar nada pudo escuchar lo que el otro necesitaba sin entrar en una discusión improductiva y lastimosa entre ellos y para el resto de los miembros de la reunión.
Desarrollar la capacidad de responder en lugar de reaccionar nos permitirá escuchar de verdad al otro, en lugar de defender nuestra verdad. Si logamos parar y escuchar lo que nos hace ser reactivos podremosregular nuestra ansiedad y nos posicionaremos desde la igualdad. Si logramos escuchar y aceptar nuestro miedo podremos mantener conversaciones fructíferas, dúctiles y maduras.
Cómo decíamos al inicio del artículo, discutir puede ser muy enriquecedor si sabemos respetar los distintos puntos de vista y entendemos que por encima de todo está la persona. Que nos importa más nuestra relación que el tema que estamos discutiendo. No siempre es fácil pero seguro que es posible.
Ayer, en el grupo de crecimiento personal, con el que me reúno mensualmente, les comentaba un ejemplo muy clásico. La pareja que ha de decidir sus vacaciones: ¿Mar o montaña? No hay acuerdo posible. Planteándolo de esta manera, o uno gana y el otro pierde o puede que decidan perder los dos: no vamos a ningún sitio. El tema es plantear la situación desde otro punto de vista. ¿Lo más importante qué es? ¿Cuál es nuestra prioridad? Imaginemos por un momento que cambiamos el punto de enfoque de la situación. ¿Cuáles son nuestras aficiones? Quizá podamos encontrar un sitio donde los dos ganemos. Un lugar donde podamos pasear y tomar el sol. Porque lo verdaderamente importante es estar bien los dos. Quizá lo importante no es el destino que elijamos, quizá lo importante es nuestra relación y que juntos podamos disfrutar sabiendo que la pareja también estará disfrutando.
Si buscamos enriquecer nuestras conversaciones y fomentar vínculos será fundamental:
  • Conocernos.
  • Abrir nuestra mente y ser flexibles ante puntos de vista distintos.
  • Saber regular nuestras emociones. Confiar.
  • Saber que el otro está hablando de sí mismo, no de nosotros.
  • Parar, respirar y conectar con lo que estamos sintiendo.
  • Tener claras nuestras prioridades.
  • Ser humildes y eternos aprendices.
  • Respetar a la persona con la que estamos conversando.
  • Escuchar empática y enteramente.
  • Priorizar a la persona y la relación al "tema".
  • Creer en el otro y no conectar con nuestro rol salvador.
  • Partir de una actitud en la que busquemos ganar todos.
Os deseo a todos y todas que vuestras conversaciones lleguen a buen puerto y que sepáis aprovechar las discusiones para seguir creciendo como personas y enriquecer vuestras interacciones con los demás.
Hermínia Gomà
3 febrero 2012
Barcelona
Para terminar me gustaría compartir este video, extraordinario, que podéis encontrar en Youtube:
http://www.youtube.com/watch?v=8XWaTt2GGow
O verlo desde aquí:
Ventana externa

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