Los niños caracterizados como TOD

extraido de Psicología y Terapias

Tienen estas dificultades en la casa siempre, y en la escuela crecientemente a medida que aumenta su edad y la gravedad de los desbordes. La convivencia se hace conflictiva y áspera, surgen interferencias en los lazos con pares y en la escuela el rendimien­to empeora, así como la conducta. Se trata de niños en los que la afir­mación falla por una baja autoestima, pues, por ejemplo, a pesar de su inteligencia, les va mal en la escuela, lo que lleva a que se resientan con sus pares. Su torbellino de sentimientos no encuentra filtros ni desplaza­mientos. Son chicos precoces, con tiempos muy acelerados, muy exitistas y despectivos e intolerantes.

Es lo que ha llevado a que clásicamente se considere que, a diferencia de las psicosis en la que irrumpen elementos del ello, lo que encontra­mos es que hay una irrupción de impulsos y los síntomas resultantes con­sisten en un acting out no defendido o infructuosamente defendido de derivados del yo, con total desentendimiento de la realidad o con una apreciación distorsionada de ella. Estas consideraciones, si bien algo antiguas, ponen el acento en el acting out, característica principal de estos niños. A medida que la edad avanza y ciertas características se agravan, surgen actos de delincuencia y criminalidad. Las clasificaciones conside­ran que entre los niños con TOD hay dos subgrupos: uno evoluciona hacia los más graves trastornos de conducta y otros se resuelven, amino­rando con el tiempo los tratamientos y los influjos elaborativos. Los que empeoran suelen presentar desde pequeños tendencia a las peleas per­manentemente y al bullying. En todos los casos se plantea un tratamien­to que incluye la intervención familiar y la psicoterapia individual.

"Regina fue llevada a los seis años a la clínica por sus padres, que afir­maban que la niña 'estaba arruinando su matrimonio'. El padre sentía que la madre- estropeaba a la niña con una disciplina inconsistente. Ella decía hacer todo lo mejor que podía sin resultados.

Los últimos tres años habían sido muy difíciles, parecía haber detenido su crecimiento en los "terribles two". Arruinaba las actividades familiares con su comportamiento y los encuentros con pares terminaban estropeados por sus rabietas, que levaban a sus amigos de vuelta a casa antes de tiem­po. En la escuela la dejaban a veces jugar sola porque irritaba a los otros niños. Cuando estos respondían arrojaba cosas al aire. El desarrollo había sido normal y era considerada una niña inteligente por sus profesores. En la entrevista, Regina disfrutó mucho de la atención individualizada que se le prestó, se mostró muy demandante y se resistió a completar los pasos y formularios. Luego quería llevarse varios juguetes a pesar de que se le dijo que no podía y tampoco quiso colaborar a ordenar antes de irse, pese a que se le pidió repetidamente que lo hiciera. Ella dijo que no sentía ganas de hacerlo.

Sus padres encontraban muy difícil manejar sus rabietas y sus insistentes demandas los frustraban, estaban perdidos con respecto a cómo controlar los comportamientos de Regina-.
Regina fue considerada como teniendo los síntomas de un Trastorno Opo­sicionista Desafiante, sus padres derivados a counselling familiar y ella a una terapia cognitivo-conductual."

Las problemáticas de Regina han sido abordadas descontextuadamente y sin poder evaluar qué de los 
lugares que en la fantasmática parental, en especial de la madre, pudieran estar incidiendo en este proceso de arruinamiento de la niña repetidamente denunciado, pero impotente­mente afrontado. Esto quedará coagulado si sólo se encara a través de counselling o reeducación. Al menos se abre un espacio para la palabra y el juego, si bien muy limitado, y se evitan, por ahora, los abordajes con psicofármacos.

El trastorno de conducta, en chicos mayores de 13 en general, incluye intimidación, agresión física o intentos de dañar gente, animales o des­truir los propios objetos o aun las propiedades de otros (casas, autos), todo teñido de crueldad; suelen presentarse robos, muchas veces con armas, violan reglas y también pueden violar personas. El entorno inclu ye padres violentos y frecuente marginalidad social. Suele clasificarse en tres severidades diferentes: leve (no vuelve a casa de noche, rebelde), moderado (vandalismo, raterismo) o grave (violación, crueldad con uso de armas, robo a mano armada, violación de domicilio).

"Reginald, un niño de 11 años, fue traído a la consulta por su madre a pedido de la escuela por sus permanentes peleas y bullying. Su madre decía que siempre había sido 'mano larga', pero ahora 'se pasaba de la raya}y ella ya no podía controlarlo. En su cuarto encontró numerosos objetos que le parecieron robados y recibió denuncias de sus vecinos sobre daños meno­res en sus casas. Mentía constantemente, incluso cuando era confrontado con evidencias. Ella atribuía el problema a la 'mala compañía' de dos vecinitos mayores con los que pasaba mucho tiempo. En varias ocasiones lo pescó regresando después de medianoche a escondidas a su cuarto, sin que confesara dónde había estado. Recientemente había sido suspendido de la escuela con dos compañeros por haberles impedido el paso a un grupo de alumnos menores que él que volvían a sus casas y exigirles dinero a cam­bio de dejarlos pasar. Decía que no pretendían dañarlos, pero una chi­quita fue empujada y cayó de la bicicleta.


Desde pequeño era inquieto y repitió los primeros grados, se lo veía infeliz y enojado. Trabajaba mejor en un aula con pocos niños y pasaba mucho tiempo en la oficina del Director.

Reginald es el segundo de cuatro hijos en un hogar monoparental. Su padre abandonó la casa hace un año y la mamá tiene dos trabajos que­dando los chicos solos buena parte del día al cuidado de la hermana, mayor de 15 años con la que él se lleva particularmente mal. En la entrevista Reginald habló muy poco y parecía miserable, pero negó sentirse triste aunque se quejó de su hermana. Se le diagnosticó un tras­torno de conducta y se evaluó su CI global como de 66, así que se conside­ró que presentaba una Debilidad Mental Moderada, lo que hizo pensar que su escuela actual no era la indicada para él." (No hay relato de la estrategia terapéutica adoptada.)

Los casos del DSM demuestran que no es ético descontextualizar este modo de afirmación auto-destructiva de su entorno y su época. Pocas veces es tan claro el carácter situacional de estos cuadros individuales en los que se combinan, en dosis variables, los condicionantes del entorno real y fantasmático con las posibilidades de canalizar respuestas que no transiten por el acting, sino por formas de sublimación y desplazamien­to que aquí están obturadas muchas veces por las limitaciones simbólicas de los niños, como es el caso de Reginald.

Lo determinante no es pensar en términos de conductas exteriorizadas sino en subjetividades epocalmente situadas en las que el acting y los pasajes al acto predominan por sobre los síntomas.

Jaume Guinot
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