La relación progenitor-bebé


Cada vez se le da más importancia al vínculo que se establece con los bebés, ya que estos aprenden a desarrollarse gracias a los cuidados, afecto, tacto y seguridad que les aportan los adultos, en este caso el progenitor. Entendiéndose como progenitor no sólo la figura materna, sino también el padre o cualquier adulto que tome la posición de persona referente.

Durante los dos primeros años de vida se va desarrollando el llamado "cerebro social", situado en la corteza pre-frontal del cerebro, área vinculada al comportamiento social. Y los progenitores vendrían a ser los entrenadores emocionales que ayudarían al bebé a conectar con el entorno, es decir a cómo comportarse a nivel social.

Según Michel Odent existe el llamado periodo primal, y es el periodo de dependencia infantil que experimenta el bebé. Una etapa muy importante para ayudarle a desarrollarse correctamente de forma emocional, no sólo ayudándole a formarse a nivel físico con una correcta estimulación de los sentidos, y alimentándolo como es debido, sino a hacerse como persona.

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Cuando aparece un malestar en el bebé se debe calmar sin concesiones. Para ellos resulta una emergencia y la expresan como tal, ya que el factor tiempo lo desconocen y necesitan del progenitor para poder sobrevivir en ese preciso instante. Es en estos momentos donde el bebé precisa que se le responda con receptividad, es decir conectar con sus necesidades y resolverlas de forma correcta como por ejemplo: si tiene sueño ayudarle a dormir y no estimularlo con un sonajero para distraerlo, si tiene hambre ofrecerle comida y no mecerlo, etc …

Este factor es primordial para su correcto desarrollo emocional, en el sentido de que si no ven atendidas sus necesidades, consecuentemente aprenderán que el entorno no les puede ofrecer ayuda cuando ellos la precisan, y que sus necesidades pasan a un segundo plano. A la larga estas carencias se observan en adultosdonde expresan inseguridad, baja-autoestima o dificultades para conectar con los sentimientos de otras personas.

Si estos experimentan una falta de atención de sus necesidades, su nivel de cortisol aumentará y por lo tanto tenderá a subir el estrés. Es decir, si no existen experiencias donde se hayan sentido seguros y felices, entonces les faltarán los recursos para aprender a adaptarse al entorno en situaciones de estrés, y si las faltas de atención se mantuvieran en el tiempo , tenderán a ser adultos con desniveles emocionales, problemas conductuales y posibles trastornos mentales. Repito visto desde el extremo, únicamente en casos donde se cronifican estas desatenciones (abandonos, malos tratos, ignorancia …), y donde el propio progenitor reacciona de esta forma porque él también ha sido en su momento un bebé desatendido. Este comportamiento se observa a menudo en madres con estados depresivos, con inseguridad o angustia previas y durante el embarazo.

Bibliografía:

Sue Gerhardt, (2008), "El amor maternal", Editorial Albesa, SL.

Michel Odent, (2006), "La cesárea", La Liebre de Marzo.


Helena Román
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