BORRACHERAS EN LA ADOLESCENCIA


Alcohol precoz


Estudios revelan que los ingresos de menores por intoxicaciones severas se han doblado





No recuerda cómo llegó a su casa, ni tampoco cómo acabó en el hospital. Joan tenía 16 años cuando vivió su peor experiencia por culpa de la ingesta de alcohol. Fue durante una noche de botellón con un grupo de amigos. El vodka corrió sin control. Fue la arrancada de una fiesta en la que tras muchos tragos hubo otras sustancias. "La cosa acabó mal, muy mal", recuerda ahora Joan. La imagen de una menor de Estados Unidos entubada en la cama de un hospital tras sufrir un coma etílico (foto que la propia madre de la chica ha colgado en las redes sociales para concienciar a los más jóvenes) ha causado en Joan un especial impacto. Al margen de la polémica de si la madre estaba o no el derecho de publicar esa imagen, nadie niega que esa foto se repite más de que lo que cabría pensar en muchos hospitales.





Poner cifras a esta realidad no resulta fácil, y menos en Catalunya, por la falta de datos concretos en el Departament de Salut sobre menores e ingresos relacionados con la ingesta de alcohol. Así que para tener una idea de la incidencia que ese consumo tiene entre los adolescentes hay que recurrir a un estudio, con información recogida en más de medio centenar de hospitales españoles, del Observatorio Toxicológico de la Sociedad Española que data del año 2012. Ese informe revela que en la última década los ingresos por intoxicación etílica aguda se han doblado entre los menores. A principios del año 2000 se registraba un episodio grave (coma o inconsciencia) por cada 5.963 ingresos de menores, mientras que en el año 2012 hubo un ingreso por intoxicación etílica grave por cada 2.316 casos de urgencias relacionados con menores.




En la Fundación Hospital de Nens de Barcelona se atiende a una media de tres menores al mes por intoxicaciones etílicas agudas. Pacientes de edades comprendidas entre los 14 y 16 años noqueados por ingestas desmesuradas de alcohol, como le ocurrió a Joan. El ochenta por ciento de esos menores llega en ambulancia "y muchos presentan traumatismos producidos en caídas tras perder la consciencia", revela Javier Massaguer Cabrera, director general de ese hospital que atiende una media de cien mil urgencias al año de pacientes menores de 18 años.




La historia médica de Joan por este ingreso en el Arnau de Vilanova se cuenta, asimismo, entre el medio millar de atenciones (aquí se incluye toda la población) que el Servicio Médico de Urgencias (SEM) realiza al año en Catalunya por intoxicaciones agudas de alcohol. Son datos facilitados por Joan Colom, subdirector general de Drogodependencias del Departament de Salut. O lo que es lo mismo: cada día se atienden casi dos casos graves causados por la ingesta de bebidas alcohólicas. Y es que el alcohol suma, entre episodios leves y agudos, cerca de 15.000 servicios del SEM al año en Catalunya. Cuarenta y una atenciones al día.




Benjamín Climent, responsable de toxicología del hospital General de Valencia, no se extraña por esas cifras. "Eso no nos sorprende", afirma. Y menos con los datos referidos a menores. Está acostumbrado a atender, especialmente en fines de semana y festivos, a adolescentes bajo los efectos de una intoxicación etílica o, peor todavía, con un coma etílico. "No tengo los datos de cuántos, pero vemos muchos casos y cada año más", añade. Climent, ­experto en los efectos de las drogas en los jóvenes, subraya que cuando se trata de adolescentes "casi siempre es sólo alcohol. En el caso de los adultos estas intoxicaciones suelen presentar combinaciones de tó­xicos".




En el caso de Joan, al igual que la protagonista de la foto de la menor en coma etílico de Estados Unidos, fueron los amigos los que lo dejaron en la puerta de casa a altas horas de la madrugada, conscientes de que él jamás habría llegado por sus propios medios al domicilio. De hecho, Joan fue incapaz de recorrer los escasos metros que le separaban de su habitación y el alboroto causado al entrar en la casa despertó a los padres. El susto fue mayúsculo. El menor no respondía a ninguna pregunta, apenas se mantenía en pie y se quejaba de un fuerte dolor de cabeza. Joan vive en una población cercana a Lleida y sus padres optaron por subirlo a un coche y llevarlo al servicio de urgencias del Arnau.




Una vez en el hospital se activó el protocolo previsto para estos casos. "El paciente entra en una fase de observación, se le suministra suero para eliminar los tóxicos y se realiza una analítica para conocer el nivel de alcohol en sangre y saber si se han ingerido otras sustancias", relata Javier Massaguer Cabrera. La ventaja, por decir algo, de la ingesta desmesurada de alcohol respecto al consumo de otras sustancias es que los menores "pierden la conciencia antes de que la bebida los mate", indica el doctor Massaguer. En la práctica totalidad de los casos esos pacientes se recuperan tras pasar entre ocho y diez horas en el hospital. Aunque hay excepciones. Y Javier Massaguer fue testigo directo de una de ellas. "Jamás olvidaré la noche en la que no pudimos hacer nada para salvar a una chica de sólo dieciséis años", revela. Ingresó con un coma etílico, pero la cosa se complicó por un policonsumo. Esa menor había tomado otras sustancias. Igual que Joan, pero él tuvo más suerte. En la entrevista posterior con el médico de guardia en urgencias este adolescente confesó que mezcló con la desmesurada ingesta del alcohol cocaína y algún hongo alucinógeno. Manifestaciones que hizo sin que sus padres estuviesen presentes. Pidió entrevistarse sólo con el médico. Una reacción normal, considera Javier Massaguer, "ya que la mayoría de los menores que padece uno de estos episodios por primera ve manifiestan un acentuado sentimiento de culpa y vergüenza". Los médicos están, asimismo, acostumbrados a lidiar con diferentes reacciones de los padres. Algunos son más comprensivos que otros con sus hijos. En el caso de los progenitores de Joan, estos aceptaron que se quedara a solas con el médico para ponerle las cosas más fáciles a la hora de sincerarse. J.V., vecino de Valencia, pasó como padre una experiencia similar. Narra que hace dos años le llamaron del hospital La Fe. Su hija había ingresado a causa de una intoxicación etílica. "Entonces tenía 16 años, y estuvo un tiempo inconsciente". "La sensación es de impotencia y de pensar que algo has hecho mal para que tu hija esté ahí". Este hombre añade que cuando sucedió descubrió días después que el caso de su hija no era una excepción. "Fue entonces cuando me contaron que los fines de semana se juntaban en la calle sólo para beber y beber". "Nunca más ha vuelto a suceder, pero me resulta asombroso ver cómo beben de una manera tan bestia", concluye.




fuente: la vanguardia.com

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Jaume Guinot
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