Cuatro defectos psicológicos básicos que nos están costando dinero en los mercados

¿Por qué actúan los inversores de manera irracional? ¿Qué 'espiritus animales' motivan las decisiones de inversión?
18/08/2011 - 08:00 
Cuatro defectos psicológicos básicos que nos están costando dinero en los mercados
Cuatro defectos psicológicos básicos que nos están costando dinero en los mercados
La bolsa es un estado de ánimo, psicología pura. Por eso, la volatilidad y los bruscos cambios de rumbo que se han vivido durante las dos primeras semanas de agosto tiene mucho que ver con los rumores y las especulaciones, pero también con el estado de ánimo de los inversores. Hay una tendencia innata a reaccionar de forma exagerada las noticias, lo que a su vez conduce a reacciones exageradas del mercado. 

La experiencia demuestra que los inversores suelen sucumbir ante cuatro defectos psicológicos básicos que les hacen actuar de manera no racional. Así lo explica el analista de Credit SuisseLars Kalbreier en una artículo publicado por del digital británico www.dofonline.co.uk, en el que expone los "espíritus animales" que motivan las decisiones de inversión y sus efectos perniciosos.

Comenta este experto que estos fallos están relacionados con los mecanismos de toma de decisiones en el ser humano que a menudo suelen basarse en reglas generales de comportamiento. Pero no necesariamente tienen que ser normas útiles a la hora de tomar decisiones de inversión. Es más, en muchos casos cuestan dinero.¿Cuáles son estos defectos psicológicos?

1.- El exceso de confianza

Según explica el experto de la entidad suiza, "el exceso de confianza es una fenómeno ampliamente observado entre los participantes del mercado". Sin embargo, no solo se limita a la bolsa. Por ejemplo, el 70% de los conductores cree que tiene habilidades de conducción por encima de la media. Del mismo modo, los inversores suelen sobreestimar su selección de valores y sus habilidades, con lo que su sentido de superioridad se ve reforzado.

En este contexto, las malas operaciones se suelen achacar a la mala suerte, pero las buenas inversiones se justifican interiormente por la propia habilidad personal, en una especie de recuerdo selectivo de superioridad o exceso de confianza. Además, explica Kalbreier, los agentes del mercado suelen sobrestimar su capacidad para predecir el resultado de eventos futuros, tales como las tasas de crecimiento de los beneficios, por ejemplo. Esta es la razón de que se puedan ver sorprendidos, tiendan a 'sobreoperar' y al final les cueste dinero.

2.- Juicios sesgados

Los juicios sesgados, por lo general, involucran aquellas experiencias más recientes a las que el inversor otorga una importancia mayor de la que debería. Este efecto se observa normalmente después de una severa corrección en los mercados, porque los inversores suelen huyen de las bolsas hacia activos sin riesgo teniendo en cuenta la experiencia reciente del mercado. Pero no tienen en cuenta el hecho de que las acciones se han vuelto más atractivas con la caída.

Solo después de un periodo de tiempo prolongado de subidas y recuperación, recuerda el analista del banco suizo, los inversores "empiezan a darse cuenta de que se han vuelto excesivamente prudentes" y empiezan a moverse de nuevo hacia los activos de riesgo. Este fenómeno fue observado después de la caída del mercado en 2008, cuando los niveles de efectivo se mantuvieron en niveles récord nunca vistos desde hace un año.

3.- Presión social

La presión social es uno de los motores más poderosos en la toma de decisiones personales. Así, explica el experto, "permanecer fuera del mercado mientras que se hincha la burbuja puede parecer muy dolorosopara muchos inversores", lo que se agrava aún más si sus amigos o conocidos se están enriqueciendo rápida y ostensiblemente.

Por eso, ante esta sensación de perder el partido, muchos inversores acaban por invertir en un momento que puede no ser atractivo. Por la misma regla de tres, los inversores con más experiencia pueden legítimamente no tomar la postura contraria y elegir seguir montados en la burbuja, protegiendo de manera muy cuidadosa, eso sí, los riesgos a la baja.

4.- Aversión a las pérdidas

Finalmente, Kalbreir explica que convertir pérdidas latentes que hasta ese momento solo se tienen sobre el papel, en números rojos reales, "es la experiencia más dolorosa a la que se enfrentan los inversores". Por tanto, sugiere, "no es ninguna sorpresa que tiendan a aferrarse a posiciones perdedoras durante un largo periodo de tiempo".

Una posición que se ha abierto para beneficiarse de un catalizador a corto plazo, puede transformarse en una inversión a largo plazo en la mente de los inversores, incluso después de que ese catalizador a corto plazo haya desaparecido. A menudo, esto mantiene alejados a los participantes del mercado de las oportunidades más prometedoras. Y, cómo no, provoca que los inversores asuman más riesgos de los necesarios para intentar devolver el equilibrio a su cartera. 



Jaume Guinot - Psicoleg col·legiat 17674
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