Las penas de amor van al diván

Los psicólogos locales advierten que cada vez más hombres y mujeres de 20 a 50 años piden ayuda tras una ruptura amorosa. Infidelidad y falta de un proyecto común, entre las causas más recurrentes. Recomendaciones para salir adelante.
Edición Impresa: domingo, 14 de agosto de 2011
Las penas de amor van al diván
Ilustración: Mariana Baizán

Zulema Usach - zusach@losandes.com.ar

Ni los inconvenientes laborales, ni la necesidad de cambiar el auto. Tampoco llega a ser tan importante lograr cierto "reconocimiento social", vestir ropa nueva o viajar por todos los lugares soñados.

En esta época, en que los bienes materiales, el aspecto físico y el poder aparecen sobrevalorados, los afectos siguen siendo el motor esencial de hombres y mujeres. De hecho, los mendocinos así lo han demostrado, ya que los temas ligados al amor figuran entre los motivos más frecuentes de consulta psicológica.

Junto al estrés y los trastornos de ansiedad, los problemas de pareja son el condimento infaltable en las terapias individuales. En este sentido, las rupturas y dificultades para abrirse a nuevos encuentros amorosos, aparecen como las vivencias más difíciles de sobrellevar. Incluso, los expertos en salud mental advierten que en los últimos años las penas de amor han ganado terreno dentro de los consultorios.

Es que en esta 'era de la imagen', la necesidad esencial del ser humano lejos está de las modas. Amar y ser amado, dicen los entendidos tampoco es capricho, sino una de las motivaciones fundamentales para la vida. Sentir que somos valiosos e importantes para otro, permite a cualquier persona seguir adelante y sobrellevar cualquier adversidad, señalan los expertos. Sin embargo, los hechos demuestran que cada vez es más frecuente ver parejas que deciden terminar su relación.

¿Las causas? Los psicólogos mendocinos apuntan que los motivos mencionados por ellos y ellas al momento de afrontar la terapia giran en torno a diferencias insostenibles en lo referente al carácter, problemas en la sexualidad, pérdida de la atracción, infidelidad, carencia de un proyecto de pareja compartido e interferencia de las familias de origen en el vínculo (padres y hermanos).

Muchas veces, el engaño es considerado como un desencadenante para tomar la decisión de romper el vínculo. No obstante, esta es una consecuencia de una variable de problemas internos de cada uno de los miembros de la pareja.

En este sentido, Roberto González, magister en psicoanálisis y experto en Pareja y Familia, puntualizó que cuando el sujeto (hombre o mujer) se siente insatisfecho tiende a depositar en la pareja toda la responsabilidad.

"Si no se toleran diferentes circunstancias ni tampoco se propician situaciones gratificantes para ambos, es posible que se busque en otras personas aquello que se anhela y ahí es cuando surge la infidelidad", explicó.

Frente a una crisis sentimental, ahora varones y mujeres se animan a la terapia psicológica por igual, mientras que años atrás, ellas eran las que más solicitaban tratamiento. Otra diferencia viene de la mano del aumento de la expectativa de vida, que en la actualidad ronda los 80 años. Por eso, la franja de edad de quienes deciden desvincularse se extiende de los veinte a los 50 años.

Desde el punto de vista de Daniel Venturini, magister en Psicología cognitiva, algunos factores explican por qué cada vez las rupturas son más frecuentes. "La década de los ?90 significó una bisagra en términos de paradigmas culturales.

Antes, lo que se buscaba era estabilidad. Por ejemplo, un empleo que durara para toda la vida; y lo mismo pasaba con el noviazgo y el matrimonio", destacó el profesional y marcó la diferencia: "Ahora el valor está puesto en el cambio. Lo que se anhela son nuevos horizontes y se toleran menos cosas que antes", puntualizó.

Este punto viene de la mano de un aparejamiento en los roles y posibilidades entre ambos géneros. Ahora ellas son más independientes; no necesitan aceptar condiciones que antes sí toleraban, coinciden los psicólogos.

Decisión dolorosa

Terminar el vínculo con el ser amado significa un momento de dolor, pero también de aprendizaje y crecimiento. De hecho, esta etapa conlleva a un cambio de orientación en la vida, donde la persona comienza a efectuar un trabajo de elaboración.

En este proceso, que se vive como un duelo, el individuo atraviesa un momento de fragilidad física y psicológica. Coexisten sensaciones de angustia y vacío, por lo que en algunos casos, inclusive, puede manifestarse malestar a nivel corporal.

Según advierte Julia Casanova, especialista en Psicología existencial, es prudente que este proceso no se extienda más de un año.

La psicóloga aclara que si bien la manera de afrontar la pérdida difiere en cada persona según su historia de vida y personalidad, el sentimiento de tristeza es mayor cuando se trataba de una relación prolongada, sobre todo si hubo un proyecto de familia en común, hijos e incluso, bienes materiales de por medio.

"En las relaciones de menos tiempo, la persona sabe que ese tipo de situaciones sucederán hasta que se encuentre con la persona indicada", marcó la diferencia Casanova.

Para González, es importante que la ruptura del vínculo amoroso sea visto como una etapa de aprendizaje y autocrítica.

"No hay que olvidar que si una relación no prosperó es porque no estaban implicados los aspectos de salud necesarios. Por eso, aunque se sienta dolor, muchas veces, lo mejor para ambos es terminar la relación", aseguró.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Gracias por tu aportación

Deja de fumar YA!

Post más valorados en los ultimos 30 dias