Inconsistencia entre lo que se dice y se hace con lo que se piensa y se siente

Domingo 15 de Enero de 2012 | Por Juan Vicente Garbero - Psicólogo clínico y psicoanalista - Docente en las cátedras de Psicología Clínica y Enfermedades Psicosomáticas de la Facultad de Psicología de la UNT.

Las funciones políticas generan, en sus más diversos grados, altos niveles de estrés. Aclaro que, a mi entender, no son niveles de estrés más elevados que el de muchas otras tareas, como el que lleva adelante un neurocirujano que debe atender situaciones límite, o como un periodista comprometido con la verdad que debe escribir lo que no le gusta al poder. Pero la política agrega a esta circunstancia una situación (que) nada menor. En concreto, el político no se encuentra desempeñando una función en la que pueda manejarse u opinar por criterios personales, sino que, por el contrario, pertenece a una estructura. Esa estructura política, ese sistema, hace que muchas veces, el dirigente no pueda tener consistencia entre lo que dice y lo que hace con lo que piensa y lo que siente.

El sistema político es poder; no es un sistema destinado a respetar la subjetividad. Entonces, con frecuencia el político tiene que contrariar su subjetividad y verse sometido a una disociación no instrumental. Una disociación instrumental consistiría en poder salir del trabajo y luego recluirse a hacer algo completamente diferente a la labor que uno lleva adelante en el ejercicio de su profesión o su oficio. En política, esa disociación puede llegar a enajenar al sujeto de su propia subjetividad. y en algunos casos puede llegar a incrementar lo que en Psicología Social se denomina Índice de Impostura que los pone en situación de tener que decir y hacer algo contrario a lo que se piensa y se siente.

Dramatización

La política puede presionar al sujeto a altos niveles de impostura, generadores de situaciones de conflicto en la subjetividad, que podrían en ciertos casos derivar en conductas de fuga de esa situación subjetiva, generadora de conflicto, de ansiedad, angustia, estrés; desde este punto de vista, refiriéndonos conjeturalmente al caso del intendente de Catriel podría tratarse de un mecanismo de defensa de este tipo... aunque personalmente no creo que este fuera el caso.

Tampoco me parece compatible con una conducta psicótica. Sería muy raro que se instalara una psicosis a una edad avanzada, como la de él, de modo disruptivo, sin manifestaciones previas que la anticiparan claramente. No digo que sea imposible, sino muy raro. Por otra parte, una psicosis no se instala de golpe ni desaparece de golpe, salvo que fuera a partir de un factor exotóxico que, desde luego sería fácilmente detectable y comprobale por análisis bioquímicos y otras técnicas de disgnóstico.

También, desde la clínica, podría pensarse que una fuga de tal característica, acompañada de estado confusional, y amnesia ulterior, permitiría vincular una conducta así con una crisis epiléptica psicomotora, que es una epilepsia temporal, que se caracteriza por conductas automáticas, crisis en las que un sujeto puede recorrer largos caminos e, incluso manejar un vehículo, en estado inconsciente... (N. de la R.: con posterioridad a esta nota se conoció que Carlos Johnston llevaba en su auto ropa nueva que había comprado en el camino). Sin embargo, es raro que a los 51 años se presente por primera vez un cuadro así, sin traumatismos previos, o neoformaciones neurológicas que generalmente comienzan con síntomas que las preanuncian. por otra parte en general van acompañadas de otras manifestaciones sintomatológicas o sindromes que permiten inferir estos casos, claramente y existen técnicas diagnósticas neurológicas de alta precisión que permiten su inmediata dilucidación. no me parece que sea este el caso.

Me parece de mayor verosimilitud la forma clínica de la simulación. O, quizá, de una fuga derivada de un estado de híperemotividad. Llama la atención que la desaparición de Johnston coincidiera con la noticia de la muerte del gobernador de su provincia (Carlos Soria). Quizá esto podría haber ocasionado un shock emocional muy intenso en él, que hubiera determinado una conducta de fuga; pero no dejan de ser meras conjeturas clínicas que deben profundizarse y develarse. De ser así, además, raramente hubiera sido una conducta inconsciente. Para finalizar, reitero, bien podría tratarse de una dramatización. Y ahí pueden darse cuestiones que uno desconoce. O una forma de justificar algún hecho que ignoramos.

Jaume Guinot - Psicoleg col·legiat 17674
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